Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

“La libertad y la tiranía”: Discursos de diosas y emancipadas “hasta que la dignidad se haga costumbre”. CEMHAL 25 años. 44 reformular las categorías del análisis histórico y reescribir la historia desde una alternativa contestataria con nuevos modelos interpretativos. (…) Se trata de una reconstrucción donde las huellas de las mujeres han sido borradas, ignoradas, minimizadas. Una historia fundada en personajes de la elite, batallas y tratados políticos, escrita por hombres en su mayoría de clases y pueblos dominantes que interpretaron los distintos procesos y experiencias que ha seguido la humanidad de acuerdo con la división de lo privado y lo público que articula las sociedades jerarquizadas. Se erigieron según el modelo androcéntrico, en el centro arquetípico del poder.”1 En la última década del siglo pasado, tras la conmemoración del Quinto Centenario de 1492, del Encuentro de Dos Mundos 2, al revisar críticamente los libros de texto de historia nacional, la historia literaria con óptica de género y la teoría literaria feminista se preguntaban ¿cuántas mujeres eran nombradas en la Historia, con mayúscula, la escrita por hombres? Como ejemplo de la precariedad –eufemismo asumido ante la discriminación—nos referimos al caso mexicano: sólo tres: La Malinche, Sor Juana y María Enriqueta. Sin duda, las tres mujeres eran grandes figuras en el discurso nacional, pero veremos que el discurso femenino –y más el feminista— era tratado con una visión androcéntrica, masculina y patriarcal. La Malinche (Ca. 1504—Ca.1529), el personaje simbólico en el origen de México y lo mexicano, había sido consignada como la madre traidora, la mala mujer que se entrega a su violador, no salva a sus hijos ni a su pueblo, más bien los ofrece al conqiustador. Así la representa El laberinto de la soledad, de Octavio Paz, lectura obligatoria en la educación media superior; libro de texto que alimentaba el odio contra las mujeres desde 1950 (1ª ed.) Este célebre ensayo acerca de la “identidad nacional” del pueblo mexicano, consignaba el papel de “traidora”, “vende patrias” de la casi mítica hija de una cacica, de pueblo originario, quien la regaló –tráfico de mujeres— a Hernán Cortés, el conquistador español. La Malinche, de gran inteligencia y don de lenguas –maya, náhuatl-- aprendió español y sirvió de intérprete al que la violó, tuvo un hijo con ella y luego la dio a uno de sus soldados. La muerte de “Doña Marina” –le cambiaron el nombre—es todavía un misterio. Se sospecha que Cortés la mandó matar. ¿Por qué no? Se sabe que antes mató a Catalina, En el capítulo “Los hijos de la Malinche” Paz fundamenta la identidad, la cultura mexicana –por extensión, la latinoamericana- en esa violación, en esa “traición” de la madre que no sabe defender a los hijos, una bruja o demonio que facilita el exterminio. Argumenta el origen del laberinto y la soledad, la sensación de confusión y pérdida personal, como fruto de la humillación y la violación de la madre, símbolo de opresión y falta de pertenencia. En 1990, Paz recibió el Premio Nobel de Literatura, y su 1 Sara Beatriz Guardia. Las mujeres en la Independencia de América Latina. Lima: CEMHAL, 2010, p. 31, https://cemhal.org/5%20Mujeres%20Independencia%20%202010.pdf 2 Polémica del “Descubrimiento”, cambio de nombre de la llegada del navegante Cristóbal Colón a América. En 1992, en México se dejó de lado la tradición colonialista del “Día de la raza”, “Día de la hispanidad” y se debatió entre “Invasión europea de América” o “Día de la Resistencia Indígena”, para acordar “El Encuentro de Dos Mundos”.

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