Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Richard Leonardo-Loayza 439 Flores, personaje principal de la novela y símbolo de la resistencia arequipeña. En relación con eso, no es del todo arriesgado decir que se está ante la manifestación de un deseo de reivindicar al pueblo, a la masa de artesanos que lo forman, lo que implica, también, cuestionar a la clase dirigente, que, junto a Vivanco, dejó la ciudad a merced de los invasores. ¿Esto último puede hacer pensar que el texto de MNB intenta promover una especie de cambio estructural en la sociedad arequipeña? Si esto es así, ¿son los pobres los que deben ocupar el lugar de los ricos en la conducción de la sociedad? Como se verá más adelante, no necesariamente la novela propone un cambio en esa dirección ideológica. Otra diferencia entre ambos textos es la actitud que sus autores tienen respecto a los caudillos enfrentados. Como se vio en las citas anteriores de Valdivia, hay una clara animadversión en contra de Vivanco, quien, según la valoración que se realiza en Las revoluciones, ha “sacrificado a la juventud arequipeña”. Lo que no ocurre cuando este historiador se ocupa de Castilla, por quien, al parecer, siente algún tipo de afecto. Valdivia al final del capítulo que se refiere a la revolución de 1856-1858 narra: “Cuando llegó a Lima la noticia de la muerte del General Castilla, se manifestó en la población un duelo general; y el Dr. Valdivia hizo publicar su necrología en el periódico “El Comercio”. De este modo desapareció el General peruano más notable, que difícilmente será reemplazado por otro en esa profesión” (1994, 318). De la declaración anterior, puede constatarse la enorme admiración que Valdivia le profesaba a Ramón Castilla. En cambio, MNB no comparte dicho criterio, si bien el narrador que utiliza en su novela, al principio de la narración, resalta las cualidades de Vivanco como el probable regenerador de la República, lo cierto es que luego condena la actitud que este adopta frente a los acontecimientos de la revolución. El narrador se expresa en los siguientes términos: Ante tanta indiferencia en su caudillo, ante tanto desconcierto oficial, ante tanto sacrificio inútil, ¿Arequipa desistirá de su empresa, pedirá la paz? —¡Nunca! El pueblo arequipeño está solo en la contienda; los otros departamentos de la República permanecen adictos a Castilla; unos, porque la fuerza los ha sometido; otros, porque miran con indiferencia el curso de los sucesos. Sólo Arequipa sueña con un porvenir de rosa: sueña con el engrandecimiento de la patria. (2010, 257) El juicio de MNB es tajante: Arequipa es un pueblo glorioso, que, pese a ser abandonada por su caudillo, decide enfrentarse al invasor de su territorio y luchar por el porvenir de la nación. La autora —otra vez, el narrador que utiliza en su novela— sentencia la actitud de Vivanco y, de paso, la de Castilla y la de todos aquellos caudillos militares que anteponen sus intereses personales a los del pueblo. En Jorge, se manifiesta: “Vivanco, Castilla, en medio de vuestros ambiciosos proyectos nunca os preocupasteis de las lágrimas que ibais a hacer derramar a los inocentes hijos del pueblo. / ¡Que Dios os haya abandonado!” (2010, 599)

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