Richard Leonardo-Loayza 435 fundamental la obra de Valdivia. Un factor que refuerza esta suposición es que para la época de la publicación de Jorge, si bien MNB ya gozaba de una bien ganada popularidad literaria, merced a las diferentes crónicas y ensayos que venía publicando en diferentes periódicos y revistas arequipeñas y nacionales, lo cierto es que el prestigio de Juan Gualberto Valdivia era superior, no solo por ser un activo referente político regional y nacional, sino porque, a lo largo de su vida, desarrolló una fructífera carrera intelectual, que incluía temas diversos en los que se puede destacar la política, el derecho y la historia. Un elemento que no debe desestimarse para explicar esta apreciación del libro de Valdivia sobre el de MNB, es que se trata de la obra de un hombre mayor y culto, condiciones que parecieran erigir a este personaje en la posición de maestro de MNB, una mujer de treinta años, escritora en un mundo en el que las mujeres en su mayor parte están condenadas a la ignorancia y el analfabetismo. No hay duda de que esta situación es un signo de la época, si se rememora la actitud de la crítica respecto a Manuel González Prada y Clorinda Matto de Turner, la segunda es canónicamente encasillada no solo como discípula del primero, sino que se reitera de manera monocorde que Aves sin nido es una puesta en escena del “Discurso en el Politeama”. Debe señalarse que algunos artículos de la escritora cusqueña, que abordan este tema, se publicaron antes de 1888, año en que apareció el famoso discurso de González Prada. Antes de explicar en qué consisten las relaciones que establecen Las revoluciones y Jorge, es pertinente indagar sobre la naturaleza del libro de Valdivia. Para lograr el objetivo propuesto, debe citarse a uno de los discípulos más apreciados por este político arequipeño: Francisco García Calderón, quien fue el encargado de prologar la primera edición de Las revoluciones. En dicho paratexto, García Calderón sostiene que el libro de su maestro contiene la narración de todo lo acontecido en la política del país desde la revolución de Gamarra y Bermúdez (1834) hasta la victoria del 2 de mayo de 1866. En Las revoluciones,4 Valdivia: “No se ha propuesto un trabajo literario; su objeto ha sido solamente consignar los hechos que pueden servir de base a la historia de la República, y poner de manifiesto la parte que ha tenido Arequipa en la marcha política del país” (1994, 7). Más adelante, García Calderón amplía: “el autor de ellas [Las Revoluciones] quiere rendir este tributo al pueblo de sus afecciones; y se ha decidido publicarlas, porque ve que hasta ahora nadie se ha tomado el trabajo de recoger datos sobre estos hechos” (1994, 7). Y un aspecto importante es que: “[e]n cuanto a la exactitud de los datos de estas Memorias contienen, bastará decir que el autor ha tenido parte activa en casi todos los acontecimientos que en ellas se mencionan; y que los refiere con imparcialidad que le da la independencia nunca desmentida de su cará cter” (1994, 8). Ahora que se tiene cierta información sobre el libro de Valdivia (cuya precisión se corroborará más adelante), pasemos a revisar la manera en la que dialogan Las revoluciones y Jorge. No puede dudarse que MNB acudió al texto de Juan Gualberto 4 Todas las citas de Las revoluciones de Arequipa corresponden a la edición elaborada por la Municipalidad de Arequipa, publicada el año 1994.
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