Las chicas del cable en huelga. Feminismo peruano, Zoila Aurora Cáceres y el reclamo de las telefonistas (Lima, 1931) 428 esperaba llegaran a favorable solución “debido a la intervención que solicité y obtuve del Consejo Municipal” (ibid.). Esta última línea es un dato de interés dado que Cáceres era amiga del alcalde, José de la Riva Agüero. En efecto, el Concejo Provincial de Lima tuvo una participación decisiva en este conflicto, primero, al organizar una comisión investigadora para determinar las infracciones de la Compañía de Teléfonos, por cuyo resultado fue multada; y segundo, al convocar una conciliación para, finalmente, llegar a determinar un arbitraje. Este resolvió admitir diez puntos del pliego de reclamos, referidos al incremento del sueldo, a la eliminación del horario rotativo y el servicio de meritorias, a la regulación de horas diurnas –descanso de 15 minutos durante la jornada– y nocturnas –con refrigerios–, el acondicionar asientos cómodos, no tomar represalias contra las huelguistas y abonar sus honorarios de los días del conflicto. No obstante, el punto más significativo, que fue rechazado, era el concerniente al reconocimiento del sindicato, dado “que el ramo de teléfonos no puede sindicarse sin peligro grave de la seguridad del Estado” (“Definitivamente quedo ayer” 5). Conclusiones Siete años después de la huelga de las telefonistas y de su campaña por el voto de las peruanas17, Cáceres publicó la memoria de FPZAC. Allí escribió sobre su apoyo a la lucha de esas trabajadoras del cable, señaló haber recibido hostigamiento y, sin tapujos, identificó a quienes estuvieron detrás de esas acciones: el ministro de Gobierno, José Francisco Tamayo, y el ministro de Fomento, Ulises Reá tegui, “amigo de la Compañía de Teléfonos”. Sobre este desagradable incidente dijo: El Doctor Tamayo, mediante sus agentes de policía atropelló mi domicilio, en el que se habían reunido las telefonistas al declararse en huelga, por lo que protesté en la Prensa local; al mismo tiempo comprendí, que se corría un riesgo del que quise prevenir a las socias del FPZAC, por lo que continué sola para no comprometerlas, alentando a las valerosas jovencitas que dieron el primer grito de rebeldía femenina lanzando un clamor de justicia (Cáceres, Memorias 9) Esta actitud intolerante y abusiva evidencia, como en todos los estudios de género, el poder que discrimina y atenta contra las mujeres (Scott 289). En este caso, fue un poder tripartito: el poder represivo de los policías que cumplían órdenes, el poder político, representado en los ministros de Estado, y el poder económico de la Compañía de Teléfonos. También tuvo protagonismo el poder de la prensa, pues la huelga de telefonistas ocupó varias páginas que informaron, día a día, de los avances y retrocesos de las negociaciones. Dichos artículos traslucen opiniones a favor o indiferentes a la lucha 17 La campaña de FPZAC tuvo un resultado ambiguo. Se logró el voto municipal de las mujeres, pero nunca se llevó a cabo pues dichas elecciones se establecieron recién en 1963. Es por ello que la primera vez que las peruanas lograron ejercer su derecho al voto fue en las elecciones generales de 1956, luego de expedida la Ley N° 12391. Zoila Aurora Cáceres continuó activa en su objetivo de alcanzar la igualdad de derechos de sus compatriotas hasta la década de 1940.
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