Las chicas del cable en huelga. Feminismo peruano, Zoila Aurora Cáceres y el reclamo de las telefonistas (Lima, 1931) 426 Ejército y Armada hoy no tienen enemigos. Vosotros que sabéis ser valerosos en los campos de batalla. Calmad vuestro ardoroso celo. El combate del momento es otro, necesitáis triunfar dentro de la virtud cívica que reclama imperiosamente paz y amor. Mujeres todas, acompañad al “Feminismo Peruano ZAC” en su vehemente deseo (Cáceres, “Manifiesto…” 2). Con una retórica nacionalista, la lideresa de FPZAC aludía al recuerdo de la Guerra del Pacífico (1879-1883), a la que su apellido estaría siempre asociado por la resistencia encabezada por su padre en la conocida Campaña de la Breña. Esa remembranza, en el contexto de la lucha por el voto de la mujer, tomó otro cariz. La batalla era, entonces, contra las ideas y prejuicios que querían continuar con “la esclavitud”14 de las peruanas. En tanto, para las telefonistas se coincidía en la convocatoria de unión contra un enemigo, que al igual que en la guerra, se trataba de un poder extranjero. Pero las huelguistas también agenciaron otros respaldos que contribuyeron en la negociación, como el Sindicato de empleados bancarios, que asumió la defensa a los pocos días de iniciada la protesta (“Continua sin solución la huelga” 11). Si bien la experiencia sindical era necesaria, también es posible vincular este apoyo a una táctica para obtener mayores beneficios, dado que tanto los representantes del Estado como los directivos de la Compañía de Teléfonos eran hombres. Asunto que pone en relieve la falta de representatividad de las mujeres dentro de los sindicatos, pero también su principal obstáculo: la ausencia de ciudadanía. Pero este sindicato no fue el único que se les unió. En realidad, fue un numeroso grupo de asociaciones de trabajadores y colectivos de diversa índole los que hicieron más fuerte la protesta15. Tal apoyo no hubiera sido posible sin una organización adecuada, que contempló la designación de un comité ejecutivo de la huelga, cuyos integrantes eran Blanca Vigil –telefonista–, Zoila Teresa Noel –presidenta de la Sociedad cultural de empleados de comercio– y Ernesto Cortés –Sindicato de empleados bancarios–. Además de la asesoría de Zoila Aurora Cáceres, el abogado Ernesto Barreto Gutiérrez representaría su causa (“La huelga de las telefonistas continua latente” 4). 14 Desde que fundó su colectivo feminista en 1924, Cáceres utilizó en su discurso la idea de la esclava para aludir a la falta de derechos de las peruanas. Inspirada por la obra del inglés John Stuart Mill, tanto en los artículos, manifiestos como en las misivas hacía hincapié en la situación de inferioridad en la que se encontraban sus compatriotas: “La esclavitud de la mujer pesa sobre el Perú , impidiéndole surgir” (Cá ceres, “Manifiesto”). 15 Entre los adherentes a esta lucha, que fueron sumándose día a día, se encuentran: Asociación de Contadores, Asociación de Telegrafistas, Asociación de Maestros Primarios de Lima, Confederación General de Trabajadores del Partido Laboralista, Empleados de Agua Potable de Lima, Federación de Choferes y Anexos del Perú, Federación de Empleados Bancarios, Federación de Empleados de Hotel y ramos similares, Liga Bondad y Cultura, Parido Laboralista, Radio Telegrafistas, Sindicato de Empleados Apristas, Feminismo Peruano, Centro Feminista N° 1, Asociación General de Empleados del Callao, Sindicato Central de Generación Chosica, Yanacota y Santa Rosa, Federación de Estudiantes del Instituto Pedagógico, Sociedad Nacional de Obstetrices, Sociedad Cultural, Sociedad de Empleados de Comercio, Sociedad Cultural Chancay, Federación de Motoristas, conductores y anexos, Confederación de Artesanos Unión Universal y Federación de Panaderos “La Estrella del Perú ”.
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