Sofía Pachas Maceda 425 condiciones laborales de las trabajadoras. Por ello, es probable que estuviera al tanto de dichas leyes cuando las telefonistas solicitaron su apoyo. En este sentido, un dato relevante es que las telefonistas no estaban sindicalizadas cuando iniciaron su reclamo. Esta situación fue utilizada por los directivos de la Compañía de Teléfonos para negarse a negociar y por ello la huelga se dilató. Este punto es interesante de analizar dado que Cáceres, lejos de convencerlas de desistir, las alentó en su reclamo y con ello dejó de lado uno de los puntos centrales en la resolución de conflictos laborales, el contar con un sindicato identificado por el empleador. No obstante, esta aparente desventaja de las huelguistas hizo que diferentes gremios y muchos miembros de la comunidad, incluso abonados, se solidarizaran con las telefonistas y con ello se aprovechó esa posición subalterna. Apoyo que debe haberlas alentado, pues “hacer huelga implica desafiar la opinión y comportarse como mujeres pú blicas” (Perrot 164). Iniciada la huelga, se procedió a la redacción de volantes, un recurso que posiblemente haya sido sugerido por la líder de FPZAC. Del primer volante que circuló se extraen los siguientes párrafos: Ante esta grave situación las empleadas de teléfonos, no hemos tenido más recurso que declararnos en huelga en defensa de nuestros derechos pisoteados día a día por elementos extranjeros en confabulación con un peruano designado como nuestro jefe […] Esperamos que el público de Lima, la opinión sensata y en fin, todos aquellos que saben lo que es el dolor de trabajar por un mísero salario, sabrán responder a nuestro llamado, prestá ndonos todo su apoyo (“Continua sin solución la huelga” 11) El primer párrafo pone en consideración un punto que tomará relevancia en la huelga: el abuso de una empresa extranjera. Ante este trato irregular a los connacionales, algunos opinaban que, al ser la telefonía un servicio público, las ganancias estaban aseguradas y por ello era un negocio lucrativo que debía ser nacionalizado. Esta idea fue difundida por Ernesto Vidaurre, uno de los más leales seguidores de esta huelga. Vidaurre apoyó la movilización redactando artículos en los que da a conocer reveladoras cifras que resaltan las diferencias salariales entre una telefonista que cobraba 4 Lp13 y el controlador que recibía 150 Lp (Vidaurre 6). Abismales distancias salariales que ponen en relieve los diferentes honorarios de acuerdo al sexo, al considerarse que los hombres debían recibir un sueldo mayor debido a que eran los jefes de familia. En lo referido al llamado a que se solidaricen con su lucha, es posible apreciar la impronta de Zoila Aurora en los volantes de Feminismo Peruano, pues solía hacer lo propio. En uno de ellos escribió: 13 Este monto en libras peruanas equivalía a 45 soles.
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