Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Las chicas del cable en huelga. Feminismo peruano, Zoila Aurora Cáceres y el reclamo de las telefonistas (Lima, 1931) 422 objetivo de modernizar el servicio (Huamani 36). Un año después, esta transnacional estadounidense, que contaba con 25 filiales en diversas ciudades del mundo, mantenía conectados a abonados de 31 ciudades del norte, centro y sur del Perú. Para 1930, es decir, un año antes de la huelga, los usuarios superaban los nueve mil (“El servicio telefónico” 10). Antes de exponer las demandas de las telefonistas, es necesario señalar el escaso interés que ha recibido esta huelga en la historiografía peruana, pues en la mayoría de los casos se trata de breves menciones a propósito de la colaboración de Zoila Aurora Cáceres (Basadre 76; Bolt 150; Villavicencio 35). El primero en otorgarle el interés que merece esta protesta fue el escritor y político de filiación socialista, Ricardo Martínez de la Torre, quien le dedicó varias páginas del cuarto tomo de su libro Apuntes para una interpretación marxista de la historia social del Perú (1949). Aunque el autor no elabora un texto sino que transcribe los volantes, comunicaciones y artículos de periódicos publicados a raíz de esta huelga, su aporte es significativo, ya que a través de este trabajo compilatorio dejó constancia de la lucha de las telefonistas. Una investigación más reciente de Cristian Padilla la considera entre las manifestaciones de descontento social surgidas durante la Junta de Gobierno de Samanez y le dedica una página de su tesis a este conflicto en el que, más que referirse a las huelguistas, se detiene en la intervención que los representantes del gobierno central y local tuvieron en este conflicto (107). A este escaso interés de investigaciones anteriores se debe el objetivo de este artículo de dar a conocer esta huelga de forma más detallada, donde las trabajadoras fueron las protagonistas y no parte del grupo de apoyo de una protesta organizada por hombres. Este planteamiento se inscribe en los estudios de género en las ciencias sociales, en el sentido de dar a conocer procesos históricos en los que se ponen en evidencia la subordinación social y política de las mujeres, pero, en especial, las tácticas que utilizaron para hacer valer sus propuestas. Entiéndase “táctica” en el sentido otorgado por el historiador Michel de Certeau que utiliza este vocablo para referirse al “arte del débil”, de los sometidos, quienes emplean determinadas “acciones delimitadas” por el campo de visión del enemigo (Pellegrini, “Huelgas” 310)9. Asimismo, para llevar a cabo el propósito de visibilizar la lucha femenina, se hace uso aquí del término “agente” en alusión a la capacidad de acción de un agente social inserto en una trama de posibilidades en las que puede continuar la pauta trazada o reaccionar de una manera distinta. A decir de Rosa Belvedresi, a esta determinación se le une que las mujeres, como “agentes históricas”, está n determinadas –limitadas– por los recursos a los que puedan acceder en distintos contextos. Ante ello, la autora hace hincapié en los casos en que las mujeres se alejan de los “moldes pre-establecidos” y con ello generan 9 La investigadora Micaela Pellegrini hace uso de este concepto en su interesante análisis de la huelga de maestras de la localidad de Firmat (Argentina, 1921), para lo cual identifica al rumor como una táctica utilizada por el grupo de mujeres del magisterio para invalidar opiniones adversas a sus reclamos (“Huelgas” 310).

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