Margarita Zegarra Flórez 407 étnicos inferiores, y que, al igual que los pieles rojas de Norteamérica, no debían tener participación en la composición de un estado moderno.68 Alvarado criticó severamente a aquellos escritores que eludían su responsabilidad social, mostrándose serviles ante los poderosos, disfrazando la ignorancia, las arbitrariedades y los crímenes, ahogando “el clamor angustioso de la multitud oprimida” en lugar de exponer ante los lectores la “gangrena social”, mostrá ndoles luego el poder regenerador de la educación69. Tras los luctuosos sucesos en Samán, escribió que “supuestos intelectuales ilustrados” alentaban el crimen, ocupaban los puestos pú blicos y recaudaban dinero a costa de delitos70. 2.4 Los indígenas, papel social y nación Las tres escritoras consideraron a la población indígena como parte constitutiva de la nación. Matto tuvo como meta su incorporación a la “civilización”, para que cumplieran con su papel social: el enriquecimiento del país. El camino era la educación y la rectitud de sus guías religiosos y políticos: la carencia de escuelas, la falta de buena fe en los párrocos y la depravación manifiesta de los pocos que comercian con la ignorancia y sumisión de las masas, alejan cada día más, a aquellos pueblos de la verdadera civilización, que cimentada agregaría al país secciones importantes con elementos tendientes a su mayor engrandecimiento. (ASN, p. 33) Mayer sostuvo que existía solidaridad entre los componentes de la nación, por lo que el sufrimiento de cada indígena la dañaba. Combatió la idea de las elites, de que la nación la conformaban sólo unos cuantos privilegiados: “Los que se llaman la nación peruana no adivinan cuánto sufre el indio campesino, y este indio no adivina que su sufrimiento indivi//dual importa la lenta sangría y la muerte de la nación a que pertenece. El Perú se muere sin que nadie lo sienta…” 71. Por ello era inmenso el reto de la Pro-Indígena: “Toda su labor tiende á poner delante de la vista de los pocos que creen ser la nación, la suerte de los muchos que son la nación sin saberlo”.72 Era necesario rehabilitar a la “raza indígena” para que pudiera alcanzar un puesto de honor en la sociedad, con el auxilio de la cultura moderna73. Mayer piensa más en términos de elevar al indígena, que en su utilidad para la nación. Alvarado suscribió la potencialidad moral de la educación, capaz de “regenerar” a los grupos subalternos, dándoles conciencia de su valer y desarrollando sus facultades. Pero 68 Criticó esa postura que “constituía el fundamento inmoral de existencia de la orgullosa nación norteamericana”. MAYER (1916: 193-194). 69 Alvarado (1912: 47, 49). 70 Alvarado (1915: 107-108). 71 Mayer (1912:3-4). 72 Ibidem: 4. 73 Mayer (1913: 79).
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