Margarita Zegarra Flórez 405 Manuel Zúñiga Camacho impulsaba en Puno para formar ciudadanos productivos56, y cuestionó a “los sectarios de Lima”, a los católicos, por no apoyar a Camacho57, pues lo valioso no era ser de una u otra religión sino “la virtud viva inherente en el alma de Camacho”58. Alvarado no representó en sus escritos indigenistas a las autoridades eclesiásticas. Su visión de la sociedad y del Estado era laica, así como su moral social. Si se granjeó la activa oposición de la Iglesia, fue porque su campaña feminista estaba inspirada en ideales laicos, no en la moral católica, por su explícita defensa del divorcio y por su cercanía a pedagogos protestantes59. 2.3 La acción del Estado y los intelectuales El Estado: Matto representó a un Estado patrimonial en el que las autoridades políticas no eran funcionarios por mérito propio, sino amigos del gobernante que recibían el puesto como pago a su apoyo en las revueltas (levantamientos en nombre de Pezet, Prado, Piérola) o, como dijo Fernando Marín, “en este país impera el favor” (ASN, p. 131), las “cartitas de recomendación” (ASN, p.144). Era un Estado débil que no garantizaba derechos ni el cumplimiento de la ley, pues las autoridades se aliaban a “los vecinos notables que constituyen los 3 poderes: eclesiá stico, judicial y político” (ASN, p. 144). La otra cara de la moneda la representaba el gobierno liberal, moral y moderno de Manuel Pardo, de quien idealizó su capacidad de hacer cumplir la ley y garantizar los derechos. Dijo Fernando Marín a Manuel: “Tengo fe en la administración civil de su tocayo Manuel”, a lo que éste ú ltimo respondió; “don Manuel Pardo es un hombre de talla superior” (ASN, p. 128). Lima simbolizaba la civilización para Matto, como refiere Manuel: “en Lima presumo que el domicilio tendrá garantías y que las autoridades conocerán lo que es cumplir su misión” (ASN, p. 129). Las “palabras” modernas de los “forasteros” tienen un efecto civilizatorio: al ser entendidas por los indios, dirá el cura, “destruyen nuestras costumbres de reparto, mitas, pongos y demá s...” (ASN, p. 29). Mayer no idealizó a Lima y las demá s ciudades, y criticó que fuesen las “ú nicas partes del territorio (…) para cuyo bien se parece gobernar”60, debido al centralismo imperante. Desde Lima se excluía a la población indígena: “Basta de engaños: en Lima no 56 Mayer (1913: 104- 106). 57 Una de las escuelas adventistas, en el ayllu de La Platería (Puno), fue atacada por una turba aparentemente azuzada por el Obispo, ante lo cual Camacho denunció el hecho a las autoridades, postura que asumieron también Zulen y Chuquihuanca. Fonseca ha señalado que los misioneros protestantes apoyaron a la Asociación Pro-Indígena, informando de sus actividades y promoviendo la participación de los miembros de sus congregaciones en ellas. Fonseca (2005: 301). 58 Mayer (1913: 105). 59 Alvarado tuvo mucha afinidad intelectual y participó en actividades pedagógicas al lado de las profesoras metodistas del Lima High School, así como de Joseph McKnight, director de la Escuela Normal de Varones y director de la revista La Escuela Moderna, entre otros. Zegarra (1911). 60 Mayer (1913: 41-42).
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