Representaciones de lo indígena y la nación en Clorinda Matto, Dora Mayer y María Jesús Alvarado 402 Dora Mayer cuestionó el racialismo de las élites, negando que el Perú fuera una nación blanca y que blanquearla debiera ser una aspiración nacional: “Nuestra colectividad nacional no es un pueblo de raza blanca, ni tenemos por qué poner nuestro orgullo en el color blanco ni en la pureza etnológica de nuestra sangre”45. Representó al indígena como un patriota, un valiente, y no como un ser dócil; es más, declaró admirar la braveza de los “salvajes selvá ticos” que se levantaban contra los opresores, manifestando que si se continuaba explotando al indígena, reaccionaría violentamente. Destacó que los “cobrizos” eran los hijos privilegiados de la patria, por su permanente lealtad, a diferencia de las clases dirigentes: “La Patria no tiene reproches que hacer al indio; él no la ha traicionado; él no le ha negado su sangre ni su sudor; cuando ella ha estado triste, él no ha disfrutado de placeres; cuando ella ha estado pobre, él no ha derrochado fortunas46. Mayer no puso en duda la capacidad intelectual del indígena, y valoró el establecimiento de escuelas. Sobre la sujeción del indígena, Mayer no culpó a autoridades que eran individualmente inmorales, como había hecho Matto, sino al sistema de servidumbre. Era éste el que daba lugar a abusos y muertes en todo el país, en las haciendas agroexportadoras de la costa, empresas caucheras de la selva y haciendas en la sierra sur, todos en connivencia con las autoridades políticas locales, la prensa, los congresistas y el poder judicial. Alvarado consideró que “el peruano”, a pesar de ser inculto, tenía “natural inteligencia, idiosincrasia apacible é innatas inclinaciones al bien, lo que facilita su evolución hacia el perfeccionamiento intelectual y moral”47. Sobre la capacidad intelectual del indígena y su papel social, sostuvo que no se habían atrofiado sus facultades, por lo que si se le liberaba de la opresión, se transformaba su medio y se le hacía justicia, se regeneraría y convertiría en uno de los más importantes elementos de la nación. Sobre la sujeción del indígena, representó al indio como un esclavo: del cura, del gobernador, del empresario lanero, con connivencia del jefe de estado que se debía a empresarios que lo explotaban48. 2.2 Vecinos y autoridades civiles y eclesiásticas Matto no creó un personaje que encarnó la opresión indígena más severa, pero incluyó largas referencias a su actuación: se trataba del comerciante lanero, miembro de la población acomodada del lugar (“vecino”), quien repartía dinero a la fuerza a los indios dueños de alpacas, arrebatándoles la lana a precios irrisorios con la complicidad de las autoridades49. Los indios emigraban de sus chozas en épocas de reparto, pero el cobrador-repartidor allanaba la choza y dejaba el dinero; al año regresaba “con diez o doce mestizos, a veces disfrazados de soldados”, y gracias a una balanza manipulada, 45 Mayer (1913: 79). 46 Mayer (1914: 3). 47 Alvarado (1910: 25-26). 48 Alvarado (1912). 49 “Por los forzosos adelantos que hacen los laneros, fijan al quintal de lana a un precio tan ínfimo que el rendimiento que ha de producir el capital empleado, excede del quinientos por ciento; usura que, agregada a las extorsiones de que va acompañada, casi da la necesidad de la existencia de un infierno para esos bá rbaros” (ASN, p. 15).
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