Thomas Ward 379 los jóvenes quienes abogaban por “reformas liberales”22. Pero está hastiado con una sociedad regida por el egoísmo y la corrupción, en vez de la reforma liberal. Cuando él ve en su derredor, no detecta “reformas liberales” sino a una juventud mayor que “se corrompió en contacto con los malos elementos”23. De esta forma, González Prada pierde la fe en el liberalismo y se radicaliza en los albores del siglo XX. Matto revela su liberalismo cuando declara que “todos somos libres en la amplia acepción de la palabra que consagra la forma republicana al establecer como ley del estado la igualdad del derecho enseñando por Jesucristo”24. Luego comentaremos la idea de la igualdad de derechos. Aquí urge destacar la idea de una libertad lograda bajo la “ley del estado”. Pero liberalismo no es liberalismo sin capitalismo y Matto de Turner reza ante los “templos de arte, de la ciencia y de la paz [construidos] por el esfuerzo del obrero y la audacia del capitalista”25. Se desenmascara aquí lo que la ensayista no puede percibir, lo que el ideal liberal implica: la acción capitalista fomentada por el capital de los industrialistas y las espaldas de los obreros creando majestuosas obras de arte, desarrollando la ciencia, y creando los magníficos tratados de paz, pero haciendo caso omiso del colonialismo externo e interno que persiste en el mundo. Por ejemplo, después de la Declaración Internacional de los Derechos Humanos promulgada por el liberalismo en 1948, se ha permitido el genocidio en lugares tan diversos como Darfur, Bosnia, y Congo, se han tolerado guerras injustas con tasas de fatalidad muy elevadas contra países como Argelia (a manos de Francia); contra Vietnam e Irak (a manos de Estados Unidos); contra países como Palestina (a manos de Israel); y en varios países de Centro y Sudamérica donde el colonialismo interno ha optado por la estrategia de las desapariciones, para abrir un espacio más amplio para el liberalismo y el neoliberalismo. Hinkelammert toma la palabra y lo lleva un paso más allá, arguyendo que el liberalismo encubre la esclavitud, y en ciertos casos, él llega a concluir que el liberalismo es esclavitud26. González Prada, aún en sus momentos más radicales, es capaz de dejar brotar un liberalismo, aunque sea un liberalismo descarnado. En “El intelectual y el obrero”, invoca una responsabilidad humana: “El nacer nos impone la obligación de vivir, y esta obligación nos da el derecho de tomar, no sólo lo necesario sino lo cómodo y lo agradable”27. En esta instancia González Prada parece abrazar el liberalismo, pero como veremos, va tan lejos con esta idea que supera el liberalismo lascasiano expuesto en Del único modo que garantiza “súbditos tan libres que[…]no pueden ser privados de sus cosas”. Pero a manera de Las Casas quien, en otro tratado, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, critica a los conquistadores por su egoísmo, y por su falta de cristianismo, Gonzá lez Prada en “Nuestros liberales” se dedica íntegramente a criticar a 22 Kristal esboza el alejamiento paulatino del civilismo que se ejerce en el ideario de González Prada, “Problemas filológicos e históricos”, 144. 23 Gonzá lez Prada, “Una profesía de Manuel Gonzales Prada” [sic], 5; Prada, “El intelectual y el obrero”, 3. 24 Matto, “La obrera y la mujer”, 52. 25 Matto, “La obrera y la mujer”, 55. 26 Hinkelammert, “The Hidden Logic of Modernity”, por ej., 5, 24. 27 Prada, “El intelectual y el obrero”, 68.
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