Thomas Ward 377 había sufrido un desastre político y social como el que padeció el Perú al perder con Bolivia la Guerra del Pacífico (1879-1883). Menos obvias, pero no insignificante son las oportunidades para las mujeres en los dos países. Mientras el presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento había priorizado la educación femenina durante su gobierno (1868-1874), el Perú se embriagaba con las ganancias de la manía guanera10. Además, las mujeres de los tres países del Cono Sur, a diferencia de las peruanas, habían conquistado el derecho a asistir a las llamadas escuelas normales, instituciones seculares que les ofrecían la oportunidad de estudiar fuera de la casa. Matto enseñó en dos de estas escuelas porteñas, la Escuela Normal de Profesores Número Uno y la Escuela Normal Norte-Americana11. Miller supone que la eclosión de la escuela normal coincide con el surgimiento de las clases medias12. Debido a que la clase media del Perú se mantuvo pequeña, no pudo crecer rápidamente la educación secular ni ocurría la fundación de escuelas normales. El contexto histórico de la educación ya estaba establecido en 1853 cuando 28.448 varones estudiaban en 653 escuelas mientras 3.400 alumnas mujeres asistían a 73 escuelas13. Pero Miller es demasiado severa al inferir que no había ni clase media ni escuela normal14. Lo que ocurría es que tardaban más en establecerse en el Perú que en las repúblicas del sur. En 1886, es decir, durante el gobierno del general Andrés Avelino Cáceres, por ejemplo, se reiteraron los reglamentos generales de la educación promulgados por el gobierno civilista de José Pardo y Lavalle (1872-1876)15. En 1907, es decir, sólo dos años después del ensayo de González Prada se verifica la existencia de una Escuela Normal para Mujeres de Lima cuyo propósito era “formar preceptoras idóneas de instrucción primaria”16. Esta escuela fue fundada o revigorizada por el presidente José Pardo y Barreda (1904-1908) después de reformar el sistema educativo en 1905. Podemos deducir, entonces, que Matto llega a Buenos Aires y encuentra una clase media femenina educada con creces mientras la experiencia latinoamericana de Prada se circunscribe al Perú17, donde se detecta una escuela normal en la historia sólo después de su ensayo. Con relativamente más progreso en el campo de los derechos, acaso los oprimidos reaccionan más circunspectamente, como fue el caso de Matto en el Río de la Plata, mientras los explotados con menos avances en el campo de los derechos responden más impetuosamente, como fue el caso de Prada en los bordes andinos. Para entender más contigüidades y desajustes entre el pensamiento de Prada y Matto, valga comenzar con el liberalismo hispano que tiene un proponente temprano en Bartolomé de las Casas (148[4 ó 5]-1566), un pensador conocido por los dos ensayistas en la aurora del siglo XX. En uno de sus tratados tardíos, Del único modo de atraer a todos los pueblos a la verdadera religión, Las Casas propone un rey que “tenga súbditos tan 10 Sobre esta política de Sarmiento, véase Miller, Latin American Women, 35; sobre el guano, Klaren, Perú, capítulo 6, 158-182. 11 Berg, “Writing for her Life”, 84. 12 Miller, Latin American Women, 45, 48. 13 Guardia, Mujeres peruanas, 131. 14 Miller, Latin American Women, 79. 15 McEvoy, La utopía republicana, 281. 16 Reglamento de la Escuela Normal de Mujeres, 3. 17 Salvo el recuerdo juvenil de una estancia corta chilena (1855-1856).
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx