Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Leticia Romero Chumacero 369 mujeres.36 En este sentido resulta de sumo interés observar, entre los anuncios publicitarios, los correspondientes a consultorios y despachos de las médicas y la abogada que formaban parte del grupo: la obtención de los títulos de Montoya y Sandoval suscitó tal interés que el propio Presidente de la República asistió a los respectivos exámenes de grado. La administradora era la profesora Luz F[ernández]. viuda de Herrera: las cinco directoras fueron, sucesivamente: Dolores Correa, María Sandoval de Zarco, la administradora, Laura Méndez de Cuenca y Antonia L. Ursúa. También ahí se recibían colaboraciones externas, aunque siempre sujetas a la revisión de la directora en turno. Amén de la publicación, varias adeptas constituyeron la Sociedad Protectora de la Mujer, “una colectividad en donde se cultivasen la literatura, las artes, y se hiciese que las mujeres se alzasen a las bóvedas del templo de la virtud y de la ciencia”.37 La Mujer Mexicana, pues, fue su órgano de difusión; el último número del que tenemos noticia corresponde al mes de abril de 1908 cuando, en una exhibición de sororidad, las colaboradoras celebraron la obtención del título de doctora logrado por Antonia L. Ursúa, tal como lo habían hecho un año antes, al celebrar el veinte aniversario de la titulación de la primera médica del país.38 Y es interesante observar que este proyecto editorial terminó siendo autogestivo, pues la Sociedad Protectora de la Mujer pudo usar un espacio cedido por la Presidencia de la República para instalar una imprenta, un taller-escuela destinado a enseñar el oficio a jóvenes interesadas, así como una biblioteca. Esta última fue dedicada a la memoria de Laureana Wright, cuyo nombre se le otorgó, en tanto que la escuela fue bautizada con el nombre de Mateana, quien, como se ha dicho, falleció en 1906 y había estudiado cursos de impresión en la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres. De esa forma se reconocía a dos pilares del grupo: una era su antecedente y, por tanto, parte de su genealogía; otra era una de sus fundadoras.39 Así, pues, en la semblanza que sobre Laura Méndez de Cuenca escribió Murguía en 1905, comenzó por dar cuenta de que la escritora y profesora recién volvía de una 36 Desarrollo con más amplitud el análisis de ese magazín feminista en: Leticia Romero Chumacero. “Las primeras escritoras profesionales mexicanas: periodismo, emancipación y esfera pública en el siglo XIX”, en Mujeres y administración pública en los órdenes de gobierno en México. Capacidad de decisión y poder en el espacio público, Fernando Pérez Correa, Gloria Luz Alejandre Ramírez (coords.), México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2020, pp. 37-53. 37 L. S. Bolaños Torres, “Alocución pronunciada en la primera sesión de la Sociedad Feminista”, en La Mujer Mexicana (marzo de 1904), p. 1. 38 De hecho, las tres primeras médicas mexicanas publicaron en la revista: Matilde Montoya, Columba Rivera y Antonia Ursúa. Un lujo en un país donde aproximadamente el 80% de la población era analfabeta, según el Primer Censo General de Población. 39 Más aún: la revista divulgó fragmentos de uno de los libros de ensayo de Wright (La emancipación de la mujer por medio del estudio, 1891), quien ya había muerto cuando circuló La Mujer Mexicana. Por cierto, otra escritora muerta y honrada en esas páginas con la publicación de sus poemas fue Josefina Pérez de García Torres (1853-1894).

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