Mateana Murguía: Una escritora escribe sobre otras 370 estancia de trabajo en Estados Unidos.40 Al respecto, señaló como sus virtudes cívicas el amor a la justicia, a la verdad, el cariño a la niñez y el patriotismo. También refirió la existencia de dificultades sorteadas por Méndez para estudiar, al grado de merecer el calificativo de acciones heroicas. Con todo, la define como “modesta sin afectación y entusiasta sin alarde”. En el mismo sentido observa que no siempre ha sido comprendida ni aplaudida como merece, debido a “la intolerancia y la mordacidad”. Es, pese a todo eso, una estrella del “cielo de la literatura patria”. En este caso también es posible apreciar la relevancia concedida por la biógrafa a la inteligencia como característica de la escritora cuyo trayecto de vida comenta. Con la salvedad de que, a diferencia de la articulación discursiva desarrollada en la semblanza de Wright donde recurrió a opiniones ajenas para sustentar la propia, aquí fue su punto de vista el que prevaleció. Otra diferencia: en el texto de 1905 no tuvo necesidad de arguir hiperbólicamente que Méndez había sido una buena madre y esposa, sino que centró su atención en el ámbito laboral donde había acumulado éxitos. Al respeto, otro tópico notable en ese texto es la defensa de su biografiada por ser, en su opinión, víctima de habladurías e incomprensiones basadas en la envidia y la más rotunda ignorancia. Se trata, pues, de una apología: si en 1888 parecía ineludible acreditar la literatura como una actividad esporádica que no interfería con las de orden doméstico, al despuntar el nuevo siglo la intención consistió en exigir respeto por las tareas ya desarrolladas continuamente por ellas en el ámbito profesional. En última instancia, al respaldar a Laureana y a Laura, Mateana también amparaba su trabajo y, cabe suponer dado el contexto en torno de todas ellas, se defendía de sus censores. IV. Conclusión: affidamento Murguía participó en los funerales de su amiga Laureana Wrigth en 1896 en el Panteón Francés de la Ciudad de México, donde tuvo ocasión de leer una oración fúnebre.41 Poco después, en compañía de la doctora Matilde Montoya y la profesora Dolores Correa Zapata, organizó una velada artístico-literaria en el Conservatorio Nacional de Música, donde todas ellas dirigieron sentidas alocuciones.42 Cuando Murguía falleció, en 1906, sus compañeras en la redacción le dedicaron el número completo de La Mujer Mexicana, citado líneas atrás. Esos actos de acompañamiento y respeto exhiben el vínculo entre ellas como eso que las feministas italianas denominan affidamento, es decir, una práctica ética y política de cuidado mutuo, pero también de confianza y respeto, más allá de las diferencias que, en ese entorno, no son entendidas como escollos insalvables sino como enriquecedoras oportunidades de diálogo.43 No sobra precisar que existían discrepancias 40 Vid. Murguía de Aveleyra, “La Sra. D. Laura Méndez de Cuenca” en La Mujer Mexicana (febrero de 1905), p. 1. Todas las citas del párrafo corresponden a esta fuente. 41 Vid. Sin autor, “La Sra. Doña Laureana Wright de Kleinhans” en El Nacional (15 de diciembre de 1896), s.n.p. 42 Vid. Sin autor, “Velada en el Conservatorio” en La Patria (27 de octubre de 1896), p. 2. 43 Vid. María-Milagros Rivera Garretas, “El feminismo de la diferencia: partir de sí”, en Géneros, año 8, núm. 22 (octubre de 2000), p. 8.
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