Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Leticia Romero Chumacero 363 de estas melodías que resonará en el himno que cantará la Historia Patria al enumerar sus glorias, pues como [poetisa] correcta e inspirada es un timbre de gloria para la Literatura Nacional, y como dama distinguida, excelente esposa y modelo de buenas madres, honra la sociedad a que pertenece, en la cual brilla como una de sus perlas valiosas”.7 En la revista La Mujer Mexicana publicaron dos fotografías suyas, ambas hechas poco antes de su muerte.8 Alguna fama tuvo en su día. Por ejemplo, ciertos detalles de su vida privada trascendieron hasta los medios periodísticos, pues las escritoras aún eran una novedad en el país y, por tanto, lo que hacían solía tener valor noticioso; de ahí que, tal como ocurrió con Beatriz Carlota Portugal en 1877, Julia G. de la Peña en 1879, Rosa Carreto en 1892 y María Enriqueta Camarillo en 1898, el segundo matrimonio de Murguía, en 1887, fuera noticia.9 Y también la muerte de su nieto, José Enrique Piña, fue motivo de un suelto en el año 1900.10 Mateana Murguía García nació el domingo 21 de septiembre de 1856 en Etzatlán, Estado de Jalisco, México;11 su madre fue la señora Concepción García y su padre el señor Mariano Murguía Aspe. La escritora murió por una “lesión cardiaca”, en la capital del país, el sábado 23 de junio de 1906, cuando estaba cerca de cumplir cincuenta años de edad.12 Tenía apenas diecisiete en 1873 cuando colaboró en Las Hijas del Anáhuac. Ensayo literario, publicación periódica de la Escuela de Artes y Oficios para Mujeres de la Ciudad de México, urbe donde radicaba con su familia desde hacía más de una década. A fin de tener una idea de su contexto, diremos que la institución donde cursó sus estudios fue fundada para mujeres “de clases desvalidas” y tenía por ambiguo objetivo “levantar a la mujer de la pobre condición en que se encuentra, sin incurrir en la exageración de hacerla igual al hombre”.13 Un año después, según quedó dicho, fue admitida como socia de La Concordia; también participó en el Liceo Hidalgo, acaso la sociedad literaria más importante de la época en el país. Para 1878 consiguió una mención honorífica al Constitucional. México: Imprenta del Gobierno, en Palacio, 1874, pp. 109-110. Es una lástima no tener ejemplos de su trabajo fotográfico, también pionero en el país. 7 Sin firma, “La Sra. Mateana Murguía de Aveleyra” en La Mujer Mexicana. Revista mensual, científico literaria, consagrada a la evolución, progreso y perfeccionamiento de la mujer mexicana, t. II, núm. 1 (enero de 1905), p. 9. 8 Vid. Fotografía de Mateana Murguía de Aveleyra en La Mujer Mexicana. Revista mensual, científico literaria, consagrada a la evolución, progreso y perfeccionamiento de la mujer mexicana, t. II, núm. 1 (enero de 1905), p. 7; y t. III, núm. 8 (agosto de 1906), p. 1. Esta última corresponde al número especial dedicado a Murguía tras su deceso; es una suerte de corona fúnebre literaria, tal como se concebían en esa centuria: una colección de poemas y prosas destinados a loar a una escritora o escritor recientemente fallecido. 9 Vid. Sin firma, “Mateana Murguía” en Diario del Hogar (23 de junio de 1887), p. 3. 10 Vid. Sin firma, “Sensible pérdida” en El Universal (31 de mayo de 1900), s.n.p. 11 No he podido localizar la partida bautismal en registros de Etzatlán, quizá Mateana fue bautizada en una ciudad distinta a aquella donde nació. La fecha de su nacimiento fue aportada por Laureana Wright en el libro antes citado. Cabe precisar desde ahora que en algunos registros –tanto civiles como religiosos– aparece como “Matiana”. 12 Registro Civil de México, Defunciones, vol. 593, año 1906, f. 286r, Acta 2156. Vid. también “La Mujer Mexicana”, en El Correo Español (27 de septiembre de 1906), s.n.p. 13 Memoria que el Oficial Mayor…, pp. 108-109.

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