Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Luma Virgínia de Souza Medeiros – Regina Simon da Silva 342 Y si el público siempre reacciona ante una obra, aunque sea con indiferencia, percibimos que, no siempre de manera positiva, el público reaccionó ante las provocaciones de Juana Manso, y si hubo un esfuerzo por silenciar su protagonismo en Sudamérica fue por otras razones que no a de la apatía pública. Tanto argentinos como brasileños reaccionaron ante su obra, como podemos ver en los ejemplos de cartas publicadas en periódicos, tanto de Brasil como de Argentina, en las que Manso es tratada con falta de respeto y hostilidad. Enrique M. de Santa Olalla, educador e intelectual contemporáneo de Juana Manso, escribe y publica en la prensa porteña una carta en la que dice que “la opinión pública rara vez se equivoca en sus juicios, y es preciso confesar que, en este caso, sobre todo, no se puede dudar de la opinión general” sobre Juana Manso. Sus escritos confrontarían la sociedad, y “¿Sra. a donde va Vd. a parar? Siguiendo así, dentro de poco va a ser preciso amarrarla”9. De manera desmedida, las críticas van contra su desempeño como periodista, educadora, escritora, directora de escuela, intelectual, argentina, mujer, entre otros roles sociales y profesionales que Manso había elegido para sí misma, en una época en la que lo normal para las mujeres era atender a los hombres, en el espacio privado de la casa. Santa Olalla también la critica por expresarse en un “lenguaje bárbaro que sólo la señora puede entender”, y afirma que necesitaría “tres o cuatro sesiones pú blicas” con él para demostrarle que sus conocimientos no serían tan profundos como para ocupar un puesto tan alto como el que quería Manso, en el Magisterio. También cuestiona su “vanidad desmesurada” que la habría llevado, de manera “desvergonzada”, a publicar en la prensa sobre la instrucción pública, pues afirma que él tenía mucho que enseñarle al respecto: Lo que Vd. tiene, Da. Juana, es una sed insaciable que la devora por querer figurar, y por eso es que tanto se afana por deprimir a los que la conocen… y a quienes no puede dañar su hidrofobia. − Señora, Señora, tome sanguinaria, mucha sanguinaria; refresque su sangre y prepárese a presentarse serena en el palenque porque yo soy el que le va a ajustar la horma de los zapatos. Mientras tanto, la saluda con cariño su mejor amigo, Enrique M. de Santa Olalla.10 El desprecio con el que Santa Olalla trata a Manso dice más del educador, que compitió por el protagonismo de la educación pública argentina, lugar ocupado por Manso, que de ella. Si, por un lado, su acusación de “sed insaciable por querer figurar” es el propio deseo del educador de mostrar que en una tribuna una mujer calla, “se presenta serena”, para escuchar a un hombre, “que le ajusta”, por el otro acierta al hablar de la insaciabilidad de Manso de no rendirse, de insistir en sus ideales y luchar por sus palabras, como cuando confiesa su angustia en Misterios del Plata “Depois de tudo, eu escrevo, porque a isso tenho sido arrastada, eu não sei como… Tenho lutado, e por 9 Enrique M. de Santa Olalla. Libelo contra Juana Manso. 29 de agosto de 1866. In: María Velasco y Arias. Juana Paula Manso: vida y acción. Buenos Aires, 1937, p. 327. 10 Ibidem, p. 327.

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