Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Fanny Arango-Keeth 295 El intercambio ideológico y afectivo paradigmático y excepcional, como sus integrantes, en ocasiones anclados en figuraciones reductivas […] descubre un punto luminoso en la reivindicación de la igualdad de género en diá logo entre ambas Américas en el siglo XIX” (“Mary Peabody Mann, remitente. Amistad y utopías con Domingo Sarmiento y Juana Manso” p. 47). Paralela a la intervención del sujeto femenino en la promoción y transformación de la educación pública, observamos también la existencia de un proyecto ideológico relacionado con el reconocimiento de la mujer como sujeto civil y político dentro de la esfera pú blica. La labor es similar en todas las naciones de América puesto que el objetivo final es la emancipación total de la mujer con los mismos derechos civiles que el sujeto masculino. Influenciadas por los movimientos internacionales emancipadores y por las viajeras que establecen contactos con las líderes de dichos movimientos, el sujeto femenino americano comparte una activa participación en congresos y conferencias internacionales. Ello les permite establecer un acuerdo común sobre el alcance de su proyecto de género. El intercambio se manifiesta también en la creación de proyectos editoriales propios en la prensa de sus naciones. Los periódicos fundados y/o dirigidos por mujeres, así como las revistas académicas, se constituyen en repertorios escritos que favorecen una constante actualización de información que además se produce/manifiesta dentro del espacio pú blico. Un ejemplo de este proceder aparece en la sección “Tijera” en el semanario limeño El Perú Ilustrado bajo la dirección de la también escritora, traductora, periodista y activista social Clorinda Matto de Turner (Perú 1858Argentina 1909) en la edición del 20 de junio de 1891: “En los Estados Unidos, en varias ocupaciones e industrias, hay empleadas 300,000 mujeres, esto es un 30% de toda la población femenina” (p.2319). Matto de Turner continú a esta difusión de información en el periódico Los Andes que publica en su imprenta La Equitativa en donde emplea sólo a mujeres. El juicio histórico sobre la ineficacia de la era republicana y sobre los sistemas de exclusión de las poblaciones que el hacer patriarcal juzga como subordinadas es mordaz, directo y pú blico —como lo observamos en el editorial que publica la misma escritora del día 5 de octubre de 1892. En este editorial cuestiona y censura la “parodia ridícula de nación organizada”: ¿A qué conclusión lógica se puede llegar en un país en donde todo se hace, menos lo que debería hacerse? Ensayadores por naturaleza, amigos de representar lo que no somos, veleidosos de carácter, no llegamos a comprender aún que durante la época de la república no hemos hecho otra cosa que ofrecer al mundo una parodia ridícula de Nación organizada. Allí está n nuestras leyes que se suceden con la velocidad del caleidoscopio. Allí está n nuestras instituciones republicanas; serie de cuerpos anémicos que piden a gritos nueva sangre. Allí están gran número de nuestros llamados hombres públicos, sin solidez de doctrina, sin fe en sus propias ideas, sin convicciones arraigadas.

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