Carlos H. Hurtado Ames 269 de las comunidades campesinas, que son fuertes y muy organizadas, desde un ámbito rural. Este cuerpo político convive con otros sectores sociales, que están establecidos en torno a las ciudades que existen en el valle. La participación de los sectores populares en la guerra, particularmente de los grupos indígenas, ha sido parte de un importante debate historiográfico. De acuerdo a uno de los puntos de vista, los campesinos habrían optado por situarse al margen de este conflicto, al entender que se trataba de una contienda entre blancos o mistis. De este modo, algunos historiadores han enfatizado el hecho de que el Perú no estaba constituido en términos de lo nacional y que se trataba de una realidad sumamente fragmentada.4 De hecho, en los testimonios que se han recogido, tras la derrota en las batallas de San Juan y Miraflores en Lima, los soldados del ejército peruano no decían que luchaban por el Perú, sino por tal o cual militar, a diferencia de lo que sucedía con los chilenos.5 Pero esta no es una realidad que se pueda extender a todo el territorio nacional. Desde la perspectiva de las dinámicas regionales, cada espacio tiene una propia historicidad. En este sentido, los eventos que se dieron en la llamada Campaña de la Breña muestran un panorama diferente, dado que aquí es posible observar la presencia de un firme compromiso campesino, aunque, como han señalado algunos autores, apareció recién en el curso de la ocupación enemiga, con la defensa del territorio patrio. Aunque ciertamente hay un debate sobre ello, existe un consenso en los estudios en señalar que en la sierra central operó un cambio en la conciencia campesina.6 Dentro de ello, ha sido el valle del Mantaro y las diversas acciones que ahí se realizaron las que ocupan un lugar predominante. En esta región, los pobladores se enfrentaron a los invasores y los derrotaron, lo que se cuenta entre prácticamente las únicas victorias peruanas ante los chilenos en esta conflagración, tal cual son las acciones en Marcavalle, Pucará, Concepción y Sierra Lumi en 1881. Sin entrar en detalles sobre esto, interesa destacar la percepción del hecho en la colectividad y el impacto que ha tenido en el uso de la memoria en esta región. Las evidencias documentales que existen muestran que las mujeres participaron en este proceso, donde incluso habrían tenido un rol destacado y preponderante en los distintos sucesos que aquí se llevaron a cabo, y que se resumen en las claras victorias que se dieron ante el ejército invasor por pare de las comunidades campesinas. Pero, además, esta participación tiene distintas implicaciones principalmente en la memoria y en el recuerdo. El enfrentamiento de Sierra Lumi de marzo de 1882, que se realizó en Comas, es el que ofrece mayor claridad en cuanto a la participación femenina. De un lado, se sabe que los chilenos una vez que llegaron a la zona comenzaron a pedir cuotas de doncellas a las comunidades. Las fuentes señalan que los invasores extrajeron requerían productos de primera necesidad de la zona, como arroz, azúcar, maíz. Durante 4 Heraclio Bonilla. Un siglo a la deriva. Ensayos sobre el Perú, Bolivia y la guerra. Lima, 1980. 5 Heraclio Bonilla. Un siglo a la deriva, pp. 177 y ss. 6 Florencia Mallon. Campesino y nación y Nelson Manrique. Campesinado y nación.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx