La educación de las mujeres en una ciudad minera: Zacatecas siglos XVIII y XIX 261 ambicioso y se trataba de que “la educación y buena crianza de las niñas fuera en virtud, política y civilidad, pero también en las habilidades propias de su sexo”.46 La instrucción o aprendizaje de saberes también eran bastantes: lectura – escritura, que incluía la enseñanza simultánea de ambas,47 la escritura se reforzaba con la práctica del dictado, además se practicaba la lectura de impresos y manuscritos, prosa y verso, lectura razonada, escritura de caracteres gótico y romano, sintaxis, ejercicios de invención y composición, redacción de documentos y dos cursos de caligrafía para la adquisición de la buena escritura; todas las materias eran graduales; distribuidas en los ocho cursos que debían llevar las estudiantes. Otras materias eran: aritmética y geometría, geografía, física, historia patria, urbanidad, higiene y fisiología, física calculada y experimental, algebra, historia universal dividida en antigua, media y moderna, química inorgánica, zoología, principios de derecho, y además inglés.48 Como se observa, la currícula era muy amplia, y si bien, el objetivo era se preparar mujeres que fueran excelentes madres y esposas, se agregaba la posibilidad de impartirles una educación que les permitiera ingresar al mundo laboral en caso de que por alguna circunstancia tuvieran que trabajar, de ser así “las señoritas que quieran presentar su examen general con el fin de obtener el título profesional del establecimiento, además de cursar con aprovechamiento los años arriba indicados, se les exige uno más de ampliación”.49 Además, se les impartía clases especiales de adorno como aprender a tocar un instrumento: el piano, la mandolina, la cítara o el bandolón, esto permitió a algunas zacatecanas introducirse con éxito en la vida cultural como sucedió en el acto inaugural del colegio, o ganarse la vida como la Srita. Mariana T. Ramírez quien “ofrecía clases de piano en su casa de calle Ledesma núm. 18”.50 Otras clases extra eran: telegrafía, taquigrafía, teneduría de libros o marquetería, las cuales permitieron a algunas mujeres adquirir un oficio, que una vez fuera del colegio les permitió ganarse la vida y de esta manera también salieron del ámbito privado. Más opciones eran el dibujo, la pintura, los idiomas, la caligrafía, el bordado decorativo, así como de flores y frutas artificiales, estas clases se ofrecían de manera extra- curriculares y no todas las alumnas podían cursarlas, pues cada una, tenía un costo que iba desde un peso, hasta cuatro pesos mensuales, los que se pagaban aparte de la mensualidad correspondiente de acuerdo con la categoría en que se inscribían. Aparte de la oferta educativa que el Colegio Teresiano ofrecía para niñas y señoritas también atendió la educación de los niños pequeños, poniendo a disposición de los padres de familia una clase especial de párvulos de ambos sexos con la debida separación 46 Pilar Iracheta Cenecorta, Educació n femenina. De la antigüedad a “la buena crianza, virtud política y civilidad” ilustrada: dos colegios de niñas españolas e indias en Toluca (1780), México, 2009, p. 75. 47 Lo cual era una innovación en aquellos tiempos ya que tradicionalmente se había enseñado por separado lectura y escritura. 48 El Colegio Teresiano, op. cit., pp. 5 a 8. 49 Idem., p. 14. 50 La Rosa del Tepeyac, núm. 174, p. 2.
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