Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

La educación de las mujeres en una ciudad minera: Zacatecas siglos XVIII y XIX 253 a fin de colaborar para su manutención: “cocer, bordar, hacer flores de mano, lavar, encarrujar y otros ingenios mujeriles”19 los recursos que se obtenían de dichas actividades se empleaban en su sostenimiento. Además de esos contrastes en el origen de las internas, en el Colegio de los Mil Ángeles, pocas niñas aprendían a leer, escribir y contar, dicha instrucción se reservaba para las que aportaban recursos económicos, vinieran de sus padres o tutores; un ejemplo es el de la condesa de San Mateo Valparaíso, quien realizó un importante donativo para que sus dos sobrinas internas, obtuvieran licencia para aprender a leer y escribir.20 Labores cotidianas y distribución del tiempo El día a día, de las colegialas estaba en consonancia con la organización que la mayor parte de estas instituciones Novohispanas tuvieron, marcado por el toque de campana, iniciando desde muy temprano las actividades cotidianas, entre ellas las más necesarias para la vida: el aseo personal, la preparación de los alimentos, el aseo de los espacios comunes, el tiempo de oración, las actividades colectivas y manuales de elaboración de productos para la venta. La instrucción –como se ha mencionado- era limitada y a que la función principal de la institución era dar albergue y cobijo a niñas y mujeres desamparadas. El colegio subsistió, más de un siglo, los documentos señalan aproximadamente hasta la tercera década del siglo XIX, siempre con muchas carencias, sobre todo posterior a la guerra de Independencia: el patronato se desintegró, el espacio físico se deterioró y en esas condiciones fue difícil que subsistiera. Un balance final permite reconocer que si bien, hubo la intención de beneficiar la educación o instrucción de las zacatecanas mediante la creación de una institución educativa, las circunstancias no lo permitieron, la atención se limitó a un número reducido de colegialas, nunca llegó a más de setenta. Considerando que, a fines del siglo XVIII, Zacatecas contaba con una población de 27,469 habitantes, de los cuales 13,997 eran mujeres, el colegio no atendía ni el 1% de la población femenina, por ello se puede decir que su impacto en la educación e instrucción fue restringida y parcialmente logró el objetivo de su fundador “ser un lugar de recogimiento para doncellas”. Así, las luces del siglo XVIII, iluminaron poco a la mayoría de las Zacatecanas. Además, al no existir ni conventos, ni colegios femeninos en la ciudad y sus alrededores se perdió la oportunidad de crear una cultura escritural femenina, como si sucedió en las principales ciudades Novohispanas, ya que desde el siglo XVII en los conventos, las religiosas empezaron a escribir la historia de sus fundaciones, biografías de algunas religiosas importantes, recetas de cocina, cantos y villancicos, poesías y una serie de documentos escritos que fundamentaron la cultura conventual Novohispana, 19 Idem. f. 3. 20 Idem. f. 7.

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