Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Jorge Luis Castro Olivas 233 Testamentos y otros documentos de mujeres en el Real Felipe El escribano de su Majestad José Salazar se refugió también el Real Felipe y ante él, como representante del rey, testaron decenas de personas ante la inminencia de la muerte. Sorprendentemente, el escribano no sólo registró testamentos, sino también actas de compra venta de esclavos y otros documentos ordinarios que, por su mera ejecución, traslucían el pensamiento de los sitiados: pronto el “buen orden” sería restablecido y todo volvería a su cauce habitual. En los documentos que se conservan en el Archivo General de la Nación,21 aparecen 79 declarantes, 17 de estos mujeres, lo que equivale a un 21,5% del total. Esto no quiere decir que el 21,5% de los refugiados en la plaza hayan sido mujeres, pero sí brinda una idea aproximada de la población femenina, que en un inicio debió ser más significativa porcentualmente hablando, pues no olvidemos que desde abril de 1825, como ya vimos, varias de ellas dejaron el Real Felipe, de manera que la cifra original debió ser mayor. Revisemos y comentemos los documentos uno por uno. 1. Ana María de Santiago y Ulloa, suegra del marqués de Torre Tagle. Doña Ana María, estuvo casada con Juan de Echevarría y era madre de Mariana de Echevarría y Ulloa, marquesa de Torre Tagle y de la anteriormente mencionada Josefa de Echevarría y Ulloa. Firmó un codicilo a su testamento otorgado en Lima el 2 de diciembre de 1825. Al morir, el marqués de Torre Tagle la nombró como su albacea. Al respecto en su testamento doña Ana María declaró: “…mi yerno don José Bernardo de Tagle, marqués de Torre Tagle que ha fallecido en este sitio, que he principiado a desempeñar en los bienes que han quedado aquí, reservándome para Lima tomar las disposiciones respectivas para los que existan allá y habiendo tenido mi hija doña Josefa Chavarría y Ulloa la confianza de dicho mi yerno de haberla nombrado por tutora y curadora de sus menores hijos existentes aquí en este puerto…delego y puedo delegarle el albaceazgo del dicho mi yerno y el mío en los términos que tiene dispuesto en el citado mi testamento que quiero se guarde y cumpla”.22 El hecho de que uno de los testigos de doña Ana María haya sido Manuel María del Valle y Postigo, oidor de la Real Audiencia de Lima, podría hacernos pensar en su identificación con la corona. Es difícil pensar que haya podido ser de otra manera, si tenemos en cuenta la cercanía de la aristocracia limeña, a la cual doña Ana María pertenecía, con la causa realista. 2. María Ana de Ureta. El 4 de diciembre de 1825, junto con su esposo, el comerciante navarro Martín de Osambela, firmaron una obligación a favor de Francisco Javier de Izcue, teniendo como segundo albacea al teniente coronel Francisco Díaz de Ribero por 21 Archivo general de la Nación, Protocolos siglo XIX, número 672, Años 1824-1826. Registros del escribano José Joaquín Salazar. 22 Archivo General de la Nación. Registros del escribano José Joaquín Salazar (Folio 361).

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