“Huyendo del ludrivio y vegaciones”: Mujeres en el segundo sitio del Real Felipe del Callao (1824-1826) 232 tenían designado antes del fallecimiento de mi amigo el marqués y además ocho onzas de harina. No tengo noticia hayan variado el chocolate, pero encargaré sea el mismo que tomaban antes, aunque la azúcar ya escasea; y en cuanto a lo demás prevengo se le facilite la provisión dos arrobas de carne salada y una de (quemado) también salado, que es a cuanto puedo extenderme lo que acredito a (quemado) usted hoy el mismo y que no he variado el concepto que u. y toda la familia me han merecido, a la que deseo la mejor salud repitiéndome su atento y S.S. Q.B.S.P. José Ramón Rodil. 19 Es bastante probable que el “pan, arroz y chocolate” de que habla Rodil en la carta, ya no existieran, pues para esa fecha los víveres en la plaza eran escasísimos cosa que, desde luego, el gobernador no mencionó. Poco después, la señora Josefa tuvo que empeñar una de las últimas joyas que le quedaban. Queda en mi poder una mariposa de diamantes, perteneciente a la Sra. Doña Josefa Echebarria quien me la ha asignado en la cantidad de seiscientos pesos que le he entregado en dinero efectivo, para subvenir a sus muy urgentes necesidades, y las de su familia, por hacerlo bien y buena obra; con expresa condición que para rescatar dicha alaja me ha de devolver la misma cantidad a su regreso a Lima dentro del preciso término de un mes, y de no ejecutarlo, queda como vendida, sin que pueda reclamar la deliberación que a efecto de cubrir mi crédito tenga por oportuna; y en caso de fallecimiento de cualquiera de ambos, la persona, ò personas que nos representen, siempre en el término designado; en conformidad de lo cual firmamos dos de un tenor en el Real Felipe del Callao a 23 de diciembre de 1825. María Josefa Echevarría. Fernando Gonzales.20 No deja de sorprender que en medio de las penurias del sitio, alguien pudiera contar con seiscientos pesos en efectivo, cantidad nada despreciable pero desde luego, inferior al valor que podía asignársele a una joya como la que ofreció doña Josefa. Las mujeres de la nobleza como la condesa de Monteblanco y doña Josefa de Echevarría, pudieron apelar a su posición social y económica para obtener recursos. Otras se valieron de distintas estrategias para luchar por su sobrevivencia, algunas no lo lograron y próximas a la muerte, testaron para el buen sufragio de sus almas o para bien disponer de las propiedades que les quedaban. Veamos estos testamentos y comentemos las informaciones que pueden brindarnos, para establecer así el grado de identificación con la causa realista de cada una de ellas y, en algunos casos, el grado de autonomía que tuvieron para llegar a tomar sus propias decisiones. 19 Archivo General de la Nación, OL 137-16, Caja 41. 20 Archivo general de la Nación, O.L. 137-20 (a) Caja 41).
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