“Huyendo del ludrivio y vegaciones”: Mujeres en el segundo sitio del Real Felipe del Callao (1824-1826) 230 Hacia octubre de 1825 la situación de los sitiados se había tornado desesperada y la otrora pudiente condesa de Monteblanco ve agotarse sus recursos económicos. Merced a su elevada posición social, recurre amparo del jefe de la plaza, recordándole sus esfuerzos y lealtades a la causa del rey. Muy Señor Mio y dueño de mi mayor aprecio; V. la situación lamentable que me rodea y las privaciones y necesidades a que estoy reducida con mi numerosa familia por la absoluta falta de medios con que subsistir, lo considero escusado, quando a la perpicacia y prudente discreción de U. no puede ocultarse que en catorce meses de residencia en esta plaza, he de haber consumido todos los recursos que están a mi alcance después de agotado el poco numerario que pude traer con tanta más precisión cuantas son las atenciones a que tiene que prestarse una madre de familia, y de que por deber y por carácter no me es permitido prencindir. No tengo por tanto necesidad de mayores esfuerzos para persuadir a U. que he vendido para mi alimentación hasta la última alaja de valor, que distituida ya de este arbitrio, toco la indigencia sin recurso alguno para dexar de perecer, si la generosidad de U. no me redime de esta angustia, franqueándose a hacerme un suplemento mensual capaz a juicio de U. de alcanzarme aunque con estreches a subvenir mi susistencia y a la manutención de la familia, pagadero en Lima, abierta que sea la incomunicación con la brevedad y preferencia que esije de justicia a todo crédito que se contrae para alimentación y a cuya seguridad puede otorgarse aquí el documento de responsabilidad que U. me prefige, no alego otro mérito para la concección de la gracia que solicito, que el buen carácter que distingue a U. y sensibilidad a las desgracias que puede remediar. Por lo demás estoy muy persuadida, de que U. lo está de que por mis sentimientos a la causa del Rey emigré en el año de 823 con el ejercito sin embargo de que no me eran desconocidas los trabajos que habia de sobrellevar; y que si no me quede ahora en la capital fue por huir del ludrivio y vegaciones que devia experimentar por mi honrado comportamiento. Tengo carácter firme, y sufri por tanto con resignación las privasiones y penalidades que son consequencia de un sitio largo, y ni me arrepiento ni me arrepentiré jamás del partido que elegí; pero todas mis amarguras se endulzan estando U. al frente de este gobierno que al fin nos ha de dar sobre un día de gloria muchos de satisfacción. Espero que la bondad de U. se tomará la molestia de contestarme, y que en todas circunstancias me mandará con confianza como a su más atenta servidora que S.M.B. Callao y octubre 4 de 1825. La Condesa de Monteblanco.16 Al igual que las otrora damas pudientes que se declaraban “pobres de solemnidad” y se amparaban bajo el cobijo de la iglesia17, la condesa de Monteblanco acude al gobernador de la plaza solicitando auxilio. Hace explícitos sus sentimientos a la causa realista diciendo que, motivada por ellos se refugió en los castillos desde 1823, 16 Archivo General de la Nación, O.L. 137-14 Caja 41. 17 Francisco Quiroz Chueca. Alms for the Rich: Impoverished Spanish Women in Pursuit of Making a Living in Late Colonial Lima. The Americas, 2024, p. 10.
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