Jorge Luis Castro Olivas 229 parte de ellos mostraba severos síntomas de escorbuto y otras enfermedades, pues como se sabe, las condiciones sanitarias en el Callao eran pésimas, por ello el día 8 de junio la Junta de Seguridad, integrada por Pedro Cornejo, Ramón de Echenique e Ignacio Caypo, había ordenado su aislamiento pues presentaban “varias enfermedades tan graves que por su naturaleza deben contagiar toda esta población”.14 La mayoría de estas personas eran limeños, chalacos y pisqueños, figurando también algunos españoles y chilenos. Puede haberse tratado de personas que creyeron en la causa realista y se vieron obligadas a salir por no tener cómo mantenerse o quizá fueron personas que se quedaron atrapadas allí por las circunstancias que se presentaron. La inexistencia de una mayor documentación nos impide afirmar una cosa u otra respecto a ellas. La condesa de Monteblanco y doña Josefa de Echevarría, fieles súbditas de Su Majestad Como comentamos líneas arriba, muchas de las mujeres que se encontraban en los castillos del Real Felipe, creyeron en la causa monárquica y en la preservación del orden propio del Antiguo Régimen. Recordemos que buena parte de la élite limeña no deseaba la separación política y más bien tenía fuertes razones para mantener su fidelidad a la corona. Sin embargo, después de Ayacucho y la consolidación de la naciente República, era difícil seguir declarando fidelidad al rey. No fueron pocos los que se refugiaron en el Real Felipe. Confiaban y creían firmemente que los refuerzos de la Santa Alianza o de la misma corona española, llegarían pronto y el antiguo orden se restauraría, pues así lo declaraba el discurso oficial divulgado por la prensa que allí circulaba (El Depositario, El Triunfo del Callao), reforzada con los bandos emitidos por el gobernador de la plaza, creando de esta manera un imaginario colectivo que justificaba los múltiples sacrificios y esfuerzos que en nombre de Dios y del rey se realizaban. Entre los allí guarecidos, se encontraban algunas mujeres que, como ya anotamos, estaban convencidas de la justicia de la causa monárquica. Es cierto que se trataba de una élite que ya había sufrido económicamente las consecuencias de las reformas borbónicas,15 pero aún conservaba buena parte de su poder económico y, sobretodo, su posición de prestigio en el ordenamiento social existente. Al igual que la historiografía ha resaltado el valor de las mujeres que defendieron la causa insurgente, es justo también rescatar del olvido a aquellas que se encontraron del lado de los vencidos y defendieron las banderas reales hasta las últimas circunstancias. Una de esas mujeres fue la condesa de Monteblanco. 14 Colección Documental de la Independencia del Perú, t. VI, Asuntos Militares, v. 8, p.317. 15 Francisco Quiroz Chueca. Alms for the Rich: Impoverished Spanish Women in Pursuit of Making a Living in Late Colonial Lima. The Americas, 2024, p. 2.
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