Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Las mujeres en la independencia del Perú 182 iglesias de esta ciudad y demás de las provincias que comprende la sedición, obligando a los curas a que las fijen a todo riesgo, a que públicamente exhorten a los pueblos a la obediencia del Rey, sin adherir al partido del Indio (..)”19 En la madrugada del 18 de noviembre, los rebeldes se enfrentaron por primera vez el ejército español que se rindió ante el avance impetuoso de las tropas comandadas por Túpac Amaru. La Iglesia de Sangarara se convirtió en el último reducto de los españoles en busca de refugio. Una lluvia de piedras cayó sobre la Iglesia y Túpac Amaru instó a los refugiados a que desalojen la iglesia. Pero, Tiburcio Landa, el capitán encargado de resguardarla se negó a acatar las órdenes de Tú pac Amaru. “Poco después la pólvora que tenían dentro de la iglesia se prendió y no se sabe si con la ayuda de algún cañón voló una parte del techo y se desplomó un pedazo de pared”20. El incendio de la Iglesia sirvió de pretexto para que el Obispo del Cusco, decretase la excomunión de Túpac Amaru, “Tengan por excomulgado a José Tú pac Amaru, cacique del pueblo de Tungasuca, por incendiario de las capillas publicas y de la iglesia de Sangarara, por rebelde traidor al Rey, Nuestro Señor, por revoltoso, perturbador de la paz y usurpador de los leales Derechos; y a todos cuantos le dan auxilio, favor y fomento (…) Juan Manuel de Moscoso y Peralta, Obispo del Cuzco”21 Poco después, Túpac Amaru emprendió la marcha hacia el sur con el objetivo de extender la sublevación al altiplano y Alto Perú. Lo recibieron triunfalmente en los pueblos de Kanas, Acomayo, Canchis y Chumbivilcas. También en Puno y en los valles de Arequipa y Moquegua. Mientras que Diego Cristóbal Túpac Amaru, ocupó Calca, Yucay, Lares y Urubamba. Micaela Bastidas. Señora gobernadora Micaela Bastidas quedó al frente de la administración de Tungasuca, y es en este período entre fines de noviembre y fines de diciembre, que su presencia se perfila de manera definitiva. Imparte ódenes, otorga salvoconductos, lanza edictos, dispone expediciones para reclutar gente, y envía cartas a los caciques: “Todos los guardias españoles e indios, y espías puestos por orden de mi marido Don José Gabriel Túpac Amaru, darán paso franco a los que con este pase fueren, sin hacerles el más leve perjuicio; pena al que contraviniere esta mi orden del castigo que corresponde. Tungasuca, noviembre 27 de 1780. Doña Micaela Bastidas”22 No existen sutilezas ni vacilaciones en las cartas dirigidas a los caciques, y de manera clara y rotunda conmina a los gobernadores y las corregidores: 19 La Rebelión de Túpac Amaru. Lima, 1971, Tomo II, Volumen 2°, p. 282. 20 Boleslao Lewin. La rebelión de Túpac Amaru. Buenos Aires, 1967, p. 62. 21 La Rebelión de Túpac Amaru. Lima, 1971, Tomo II, Volumen 2°, p. 175. 22 Francisco Loayza. Mártires y Heroínas. Lima, 1945, p. 9.

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