Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mónica Marisol Zavala Cabello 171 de trabajo en los que se involucraban distintas esferas sociales y económicas de la ciudad, desde artesanos, arquitectos, pintores, escultores, hasta las autoridades civiles y eclesiásticas. En esta ocasión truxo dios al ánjel de la Marquesa de Guadalcaçar, religiosa en costunbres, gran debota de nuestra sagrada religión, y deseosa de ber en esta tierra un conbento de carmelitas descalças. los ábitos y paños nos hiço ella como los usaban las despaña. los retablos que están en la iglesia los dexó açiendo cuando dios la llebó, díxome era su yntento que primero estubiesen acabados que se supiese.31 Nosotras nos ocupamos[//] en hacer nuestros ornamentos y demás alajas necesarias para la fundación, que se havía todo dentro de casa, que ayudando las siervas de Dios, y el doctor Quesada en la obra del convento, que parese asistían en ella los ángeles según crecía, pues en menos de unos meses se acabaron yglesia y sacristía, confesionarios, los coros alto y baxo, locutorio, puerta y tres o quatro celdas; todo lo demás de oficinas.32 Finalmente, un aspecto que sobresale al estudiar los escritos es que cada una de las monjas buscó plasmar de una manera muy distinta el largo proceso que llevó a la fundación del convento. A pesar de que ambas trabajaron juntas por muchos años para lograr la empresa que se habían propuesto, no significó lo mismo para las dos por lo que sus relatos también reflejan distintas subjetividades que ciertamente fueron influenciadas por la figura de santa Teresa de manera particular. Sobre el día de la fundación del convento, acontecido el 1 de marzo de 1616, ambas proporcionan distintos detalles sumamente interesantes sobre qué significaba una fundación conventual en la ciudad de México a principios del siglo XVII. Podríamos decir que era un acontecimiento de gran interés que congregaba a toda la ciudad debido a que las fundaciones monacales, particularmente las femeninas, significaban la creación de espacios en donde las mujeres dedicarían sus vidas a la espiritualidad y el servicio para su comunidad religiosa pero también para la ciudad misma. a las siete de la mañana, día del Ángel, binieron al conbento de Jesús María la muguer [sic] del oydor Morquecho y la del oydor Quesada, nuestras madrinas, con gran acompañamiento de jente y carroças, cada huna en la suya; nos llebaron a la yglesia mayor, donde nos estaban aguardando el señor virrei y el señor arçobispo, de allí salió la proçesión muy solene, aunque poco podimos ver por los belos. El primer altar era del se[//]nor [sic] arçobispo, en saliendo de la yglesia deçían hera cosa muy para ber; muy conforme al afeto de su gran deboçión, diçían abía más de beinte alterares [sic] de muchas ynbençiones; a la puerta del doctor Quesada estaba el suyo que tomaba una quadra; la señora marquesa hiço uno junto al conbento, donde descansó el señor arçobispo, y puso el sanctísimo sacramento sobre el altar y 31 Inés de la Cruz, Fundación, p. 30. 32 Mariana de la Encarnación, Relación, p.49.

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