Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mónica Marisol Zavala Cabello 165 De los diversos escritos teresianos, además del Libro de la Vida, hubo otro que marcó una huella importante entre las monjas carmelitas descalzas, entre las que se encuentran precisamente Inés de la Cruz y Mariana de la Encarnación. Se trata del Libro de las fundaciones de las hermanas descalças carmelitas, que escribió la Madre fundadora Teresa de Jesús, escrito a lo largo del último decenio de vida de la santa y publicado el año de 1610 en Bruselas. Como el título lo indica, la obra da cuenta de las fundaciones carmelitas, en donde la autora integra muchos aspectos biográficos, así como sobre los viajes que la llevaron a través de la península hispánica por Castilla y Andalucía. En el libro de las fundaciones de santa Teresa, los detalles sobre la vida conventual y la religiosidad mística se complementan con descripciones sobre los personajes que conoce a lo largo de todos esos años, las andanzas, las instituciones y autoridades con las que se encuentra, los obstáculos económicos e incluso las experiencias místicas que llegó a tener. Todo ello dio lugar a un modelo literario en donde los relatos sobre las fundaciones conventuales quedaban inmersos en unas ricas narrativas que abordan períodos de tiempo extensos y en los que la vida de la autora queda totalmente entrecruzada con la de la empresa conventual. El camino hacia la fundación de un convento femenino Es ampliamente conocido el proceso por el cual las distintas órdenes religiosas masculinas arribaron a México, el Caribe, Centroamérica y, el sur de América para llevar a cabo la empresa evangelizadora desde los años más tempranos del período colonial. No fue mucho tiempo después de haberse asentado en los territorios americanos de la Corona Española cuando los franciscanos, dominicos, agustinos, jesuitas y el resto de frailes que llegaron del continente europeo vieron la necesidad de integrar a las labores de cristianización y formación religiosa a las órdenes mendicantes femeninas. La llegada de congregaciones femeninas con la intención de fundar conventos radicaba en la necesidad de generar espacios religiosos para las mujeres nobles que no estaban destinadas para el matrimonio, pero también que funcionaran como lugares en donde cultivar la devoción a figuras de santidad propias de las distintas órdenes en los contextos americanos. Sarah Owens señala que las mujeres de las órdenes religiosas que viajaron desde la península ibérica hacia distintas partes de la Monarquía Hispánica, incluyendo América, Filipinas e incluso China para expandir sus comunidades y llevar a cabo su labor misionera, constituye un campo de estudio relativamente nuevo del cual aún se conoce poco.19 El envío de religiosas por parte de una orden mendicante para llevar a cabo la fundación de un convento en tierras americanas requería de enormes esfuerzos tales como la escritura de innumerables cartas al rey y a las autoridades religiosas para conseguir la aprobación de la empresa, grandes sumas de dinero, la obtención de 19 Sarah E. Owens. “Transoceanic Religious”, en Anne J. Cruz y Nieves Baranda, eds. The Routledge Research Companion to Early Modern Spanish Women Writers. Reino Unido, 2018, p. 316.

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