Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mónica Marisol Zavala Cabello 161 de la Encarnación data de 1641. Ambas obras giran alrededor de un acontecimiento principal, el de la fundación del convento de San José de las Carmelitas Descalzas de México, el 1 de marzo de 1616 en la Ciudad de México. Es interesante que, a pesar de que el eje temático de los dos escritos es el de la fundación, presentan características discursivas, estrategias narrativas y extensión de las descripciones distintas. Por una parte, Inés de la Cruz adopta un estilo el cual narra en primera persona los acontecimientos que llevaron a la fundación del convento incorporando elementos que permiten conocer a profundidad la vida de la autora mediante detalles sobre la religiosidad que profesa, la historia familiar y personal, los personajes que conoce en el largo proceso de fundación del convento, los obstáculos físicos, espirituales y económicos que se encuentra e incluso las experiencias místicas que le llevan a adoptar la misión de mártir. Todas estas características muestran una profunda relación con un tipo de literatura que durante la época adquirió gran importancia entre las mujeres, particularmente, en el ámbito religioso de las carmelitas descalzas, la cual estaba dirigida a difundir modelos religiosos y de comportamiento moral. Se trata de la tradición literaria de la hagiografía, la biografía y la autobiografía, cuyo ejemplo más relevante fue precisamente el de santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila, fundadora de la Orden de Carmelitas Descalzas. Por otro lado, como aparece señalado en el título, Relación de la fundación del Convento Antiguo de Santa Teresa, Mariana de la Encarnación escribió su obra a manera de un relato en el que da cuenta de los acontecimientos relativos a la fundación, así como sobre la comunidad de religiosas de la Concepción a la que perteneció hasta que fue posible concretar la fundación de carmelitas descalzas. El discurso también incorpora detalles sobre la vida de la monja, de modo que la estructura oscila entre descripciones narradas en primera persona y otras en tercera persona que proporcionan detalles sumamente interesantes sobre las vidas de las distintas personas que formaron parte de la empresa carmelitana en la Ciudad de México, e incluso de aquellas que estaban en contra de la misma. Como parte de una reflexión inicial al respecto de las obras, es interesante observar dos elementos que dan cuenta sobre la manera en la que las autoras conciben el proceso de escritura. El primero se refiere a que en ambos casos se trata de narraciones que fueron elaboradas en un periodo posterior a la fundación del convento, es decir, que habían pasado años e incluso décadas de lo que estaban relatando por lo que las religiosas tuvieron que hacer un ejercicio de memoria así como de recuperación de escritos anteriores para la preparación de sus textos. Ello supone que las autoras debían tener el bagaje intelectual y cultural necesario para construir un discurso desde una conciencia histórica, pero también que tenían el propósito de dejar un registro del proceso de fundación desde la mirada de las mismas protagonistas que lo hicieron posible. El segundo punto importante a considerar es que, en ambos casos, las autoras concluyeron el manuscrito con su firma, señalando así explícitamente la autoría del

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