Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Mónica Marisol Zavala Cabello 159 estudiar latín y otras cuestiones relacionadas con las humanidades, tocar instrumentos, cantar o pintar.7 El hecho de que no se hayan recuperado y estudiado la misma cantidad de obras de mujeres escritoras como aquellas pertenecientes a autores varones, no quiere decir que las mujeres no escribieran. No obstante, estudiar las prácticas de lectura y escritura durante el Antiguo Régimen implica tomar en consideración la existencia de un sesgo de género, es decir, que para encontrar, estudiar y visibilizar los escritos de mujeres resulta fundamental comprender a qué normas, tradiciones e instituciones debían apegarse para no ser acusadas de cuestiones como herejías o desobediencia. En la mayoría de los casos, ello no significa que tales escritos femeninos podrían librarse de ser cancelados de la memoria o que los nombres de las autoras lograrían trascender de la misma manera como lo hicieron sólo unas pocas. “En los siglos XV y XVI las obras de las mujeres se incluían en los circuitos literarios y gran parte de su legado pudo transmitirse; posteriormente, las reglas literarias fueron cambiando y los códigos sociales más restrictivos fraguaron el silencio.”8 Es importante recordar que el inicio de la llamada Edad Moderna fue un periodo marcado por diversos procesos políticos, culturales y religiosos que continuamente transformaron las condiciones históricas y sociales en términos generales, pero también en lo que se refiere a las formas de conducta que las mujeres debían procurar. María Dolores Martos refiere que dos cambios en particular incidieron significativamente en la manera en que las mujeres ejercían un papel como lectoras y escritoras, en primer lugar, la aparición de la imprenta y, en segundo, el proceso de alfabetización.9 A pesar de que la norma social más generalizada fue la censura femenina en el espacio público y la idea de una falta de capacidad intelectual, las mujeres encontraron formas de aproximarse a las prácticas de lectura y escritura al encontrar ciertas brechas en el discurso normativo y crear márgenes para la transgresión. “Estos má rgenes y estos cauces se reflejan en lo que podemos llamar estrategias autoriales de la voz femenina, que empiezan a evidenciarse en estas primeras escritoras de la Edad Moderna.”10 Un estudio de Yolanda Beteta coincide en que, sin importar si se trataba de mujeres religiosas o laicas, la lectura y la escritura han representado formas de autoafirmación y reivindicación femeninas en tanto que operan como una transgresión mediante la cual se vuelve posible cuestionar las normativas de espacios y funciones sociales impuestas por el sistema patriarcal. La autora refiere que, según los tratados de educación de los siglos XVI y XVII, el control de las lecturas de las mujeres precisamente representa uno de los temas de mayor preocupación debido a que la instrucción podía suponer el cuestionamiento crítico del poder masculino.11 7 María Helena, Escritoras religiosas españolas, p. 31. 8 Tiziana Plebani. El canon ignorado, p. 23. 9 María Dolores Martos Pérez y Julio Francisco Neira Jiménez. Literatura española y género. Madrid, 2021, p. 66. 10 Ibid. 11 Yolanda Beteta Martín. “De las lecturas piadosas a los libros de caballería. La falacia de la transgresión literaria y su influencia en la construcción de la subjetividad femenina” en Cristina Segura Graiño (coord.). La querella de las Mujeres XII. Las mujeres sabias se querellan. Madrid, 2011, p. 49.

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