Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Asunción Lavrin 148 servía para cementar la relación entre ambos de un modo discreto e informal, pero significativo en cuanto a que, no siendo parte de la relación oficial, añadía una dimensión personal a la misma. No cabe duda que María Ignacia se auto asignó el rol de consejera del confesor. Esa relación apoyaba su posición de visionaria. Su interés se centró tempranamente en cuidar de Valls, para autorizarse como su protectora a través de sus visiones porque solo el confesor podía validar la suya como vocero de Dios. “Cuando tenga lugar, o nos veamos, le diré, escribiré a V.P. lo que es todo esto; también para que le sirva de gobierno.” 28 Esta última frase indica un trastrocamiento de sus respectivos roles. Un confesor gobernaba la vida espiritual de su hija espiritual. El padre Valls parece haber aceptado esa doble posición de confesor y protegido de la religiosa. Con la “ayuda del Señor y sus santos ángeles” María Ignacia le escribió un libro de once oraciones que le aseguraba lo protegerían. Esa relación de armonía espiritual tuvo algunos altibajos. En el mismo mes de enero de 1802 cuando al parecer la relación entre ambos era sólida María Ignacia da a entender que hubo una rencilla o enojo entre ellos, cuya causa no se explicita y que se conoce a través de las palabras de Jesús, quien condena al Padre abiertamente: “Ya no es tu padrecito pues tiene corazón y no le urge la conciencia de que él sea la causa principal de que tu padezcas y pases una vida tan amarga y penosa como hasta aquí. Esto me duele porque te quiero muy mucho, pues eres mi esposa amada y las dos niñas de mis ojos. Déjame amada mía, que quiero conozca por experiencia los golpes de mi divina justicia. No te hiere a tí sino a mí, y ya no gusto de que habite sobre la tierra.” Yo le dije: “No llores ya, divino amor de mi alma. No te enojes con esta criatura pues obra y procede con razón y jurisdicción, y la ha tenido y la tiene para darme una poquita de mortificación, pues siendo ya tan ingrata a tus beneficios, hace él, como criatura tuya lo que debe.” 29 Utilizando a Jesús como su vocero, María Ignacia evadía una confrontación directa y, más importante aún, crear un retraimiento o embarazo. Señala abiertamente su condición de ser favorita del Señor, “niña de mis ojos”, y como Jesú s se resiente por el tratamiento que una de sus esposas ha recibido. Transferir el regaño al Señor fue quizás una de las estrategias utilizadas por las religiosas para evitar un rompimiento que las privaría del apoyo espiritual de su confesor. Hablando indirectamente a través de la religiosa, Jesucristo le recuerda al confesor que gracias a la mediación de María Ignacia el Padre ha recibido beneficios espirituales. “¿Cómo no quieres amada mía que detenga su castigo, cuanto tanto se olvida de los beneficios que sólo por ti le he hecho y hago?” María Ignacia propone a un Jesú s en busca de castigo para interceder por su “padrecito,” y Jesús se aviene a tener “otra poca de paciencia” con el Padre. Actuando como facilitador de una tregua, y posibilitando una reconciliación entre Valls y la religiosa, 28 Expediente 8, carta 40, febrero 14, 1802, fol. 3-3v. Se desconoce el paradero del mencionado documento. 29 Expediente 5, Carta enero 23, 1802, fol. 1, fols. 1v-2.

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