Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Sor María Ignacia del Niño Jesús y el Padre Manuel Sancho de Valls: Un epistolario íntimo 147 María Ignacia reza por el padre, enciende velas para lograr favores de acuerdo con la voluntad de él, lo encomienda a San Miguel y hasta tienes visiones del confesor en su intimidad como cuando ve como los santos lo arropan y cubren con una frazada cuando duerme.25 La aspiración de María Ignacia a poseer la compañía de Valls se hace patente en todo el epistolario, aunque se sublima como el deseo de compartir la salvación de las almas conjuntamente. Para lograr ese objetico, María Ignacia se autodefine como la ruta del progreso espiritual del padre Valls. Al parecer, el padre Valls ha aceptado ese rol, al leer las cartas de la religiosa, comentarlas, y hacerle encargos espirituales. Ya desde diciembre de 1801, cuando la relación entre ambos se estaba desarrollando, el fraile abría sus dudas espirituales a María Ignacia y le pedía intercediera por él.26 En diciembre de 1801 el padre parece haberle comunicado que a veces deseaba llorar por el tiempo perdido y ella lo consuela confiándole sus propias dudas respecto a cómo ella también ha perdido tiempo en sus deberes de seguimiento de su salvación. Valls consintió en el intercambio epistolar porque las cartas de María Ignacia le ofrecían consuelo, y la posibilidad de explorar no solo el mundo interior de la religiosa sino el suyo propio. De ahí el considerar a María Ignacia como su contraparte en esa búsqueda propia. A través de su hija espiritual, Valls puede ensayar y aquilatar su fe y quizás encontrar los elementos espirituales que posiblemente no podía encontrar en sí mismo, o reforzar aquellos que conocía tener. “Me dice V.P que soy su hija y que me mirará como la mitad de su corazón, lo que agradezco a V.P. cuanto no se decir…” “El señor San Joaquín, nuestro protector, corre con lo que V.P. me encarga, y me dijo hoy que la santificación que desea y el dolor continuo de sus culpas, lo tendrá V.P. y lo conseguirá, disponiéndose desde hoy, continua y fervorosamente…” 27 El confesor le ha hecho encargos espirituales y confía en su intervención. Aunque no fue una situación muy frecuente, aquellos confesores que percibieron aptitudes espirituales en sus hijas de confesión no titubearon en hacerlas mediadoras de sus propias inquietudes, siempre y cuando ellas consintieran en adoptar ese papel. Obviamente María Ignacia no solo consintió en esa relación, sino que la hizo el eje de su espiritualidad. Esta relación se reforzó con el intercambio de algunos pequeños objetos, como una cadenita que ella le pide para un relicario, o una cuenta de un rosario presuntamente posesión de la Madre María de Jesús de Agreda que María Ignacia le envió como un obsequio a Valls. También, en una ocasión, María Ignacia le envió mostaza como medicamento, lo que sugiere que el fraile también le compartía sus aflicciones físicas y la monja asumía el rol de farmacéutica. Muchos conventos tenían una “farmacia” interior para suplir a las enclaustradas con remedios para sus dolencias. Ese intercambio 25 Exp. 1, carta 10, sin fecha, fols 3, 4v. 26 Ver Carta 9, sin fecha, Exp. 2, fol. 1. Aunque la carta no esta fechada, la ubico en diciembre porque en la misma la religiosa dice haber cumplido veinte años de su profesión, que fue el 10 de diciembre de 1783. Ver, Archivo Histórico de la Provincia de San Pedro y San Pablo, Celaya, Michoacán, Mexico. Fondo Convento de Santa Clara, Caja 11, 158/8, Informaciones de religiosas. 27 Expediente. 1, Cuaderno 1C. “y el Capistrano [San Juan Capistrano] me dirige la pluma porque quiere vaya esta tarde esta carta para que V.P. reciba este consuelo…”.

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