Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Asunción Lavrin 146 embargo, es posible que no estuviera muy convencido de las mismas. María Ignacia deja entender que el padre Valls, una vez enterado de la visión añadió una posdata a una respuesta que envió a la religiosa, dándole parabienes por la visión, pero apercibiéndola de las posibles trampas del diablo. ¡El desafío a este comentario se resolvió con otra visión! En la misma, la Santa le respondió que el Señor no dormía, sino que guardaba sus almas. Y despertando a Jesucristo -representado en la visión como un niño durmiente- el personaje divino remató la experiencia con otro mensaje: no debían temer. Si el demonio tenía su permiso ocasional, era para apercibir las almas de la necesidad de padecer por su amor. “Yo velo sobre tu Padrecito y sobre ti”. Y hablando directamente a María Ignacia, le dijo: Tú, amada mía, sujetarás al demonio, y suavizarás los corazones de estos mis hijos pues no gusto de que se penen y teman al enemigo.” La confianza de María Ignacia en sus visiones se fortaleció con esa respuesta, y con otras en la cuales San Pedro y otros Santos que los bendijeron. No cabe duda de que María Ignacia vio en el padre Valls un enviado especial de Dios. No es explicable racionalmente como llegó a concebir ese significado, que ella confiesa en esa misma carta: “Desde que entró a confesarme, me dio su Majestad orden de que cuando me dijera algo esta santa imagen, le dijera lo ya dicho para su consuelo, y para alentarnos a que le sirvamos y amemos…” Siempre juntos, desde su punto de vista, pero en su relación con el confesor siempre asumió que ella era quien le podía abrir a él las avenidas de consuelos espirituales emanados de los seres divinos. Asi, antes de terminar esa esquela le instruye como ha de disponerse para hacer actos de amor y reverencias que ella había aprendido de San Joaquín para obtener la santificación que dice el confesor deseaba, añadiendo “El Señor nos bendice y nos ha de hacer agradables a sus divinos ojos.” Espiritualidad y fisicalidad No hubiera sido posible “visualizar” la unión espiritual sin referencias a la realidad del cuerpo. La intimidad espiritual que transpira en esta colección de cartas y las visiones que transcribe se expresan también como una unión física. En carta de enero 6 de 1802, María Ignacia ve al padre muy débil y lo toma en sus brazos, donde dormido, recibe las bendiciones de los santos reyes magos quienes lo abrazan y confortan, “pero sin quitarlo de los brazos míos.” 23 En otra carta sin fecha Ignacia describe como “tomé luego a V.P y lo metí en aquella santísima llaga; y dá ndole un abrazo apretado a mi Señor, me dijo: “Dile todo esto a tu Padrecito y que aquí le doy otro abrazo” y dándole otro yo, me dio Su Majestad el de V.P.” 24 Al entrar juntos en el cuerpo de Jesucristo, quedan ambos hermanados en el amor divino. A despecho del significado espiritual, la visión física de unión de los cuerpos en Cristo significa, para la religiosa, la posesión total del confesor en cuanto a ella es su guía y protectora y les asegura el acceso a las personas sagradas. 23 Exp. 5, carta 5, enero 6, 1802. Fol. 3. 24 Expediente 8, Carta 8, sin fecha.

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