Centro de estudios, la mujer en la historia de américa latina

Sor María Ignacia del Niño Jesús y el Padre Manuel Sancho de Valls: Un epistolario íntimo 145 En esta complicada relación, expresada siempre a través de arrobamientos y símbolos, María Ignacia reafirma su posición de tutora de su padrecito, en forma de ángel de un rango superior al del padre Valls, ya que los serafines son un rango superior a los querubines. Al despedirse del Padre Valls al final de la carta le llama su “querubincito.”21 Estas formas de achicamiento significaban afecto, pero también eran una forma sutil de poner al Padre en una situación de “infantilidad” necesitada de su cuidado. Esa dependencia se matiza con la constante referencia al elemento afectivo que expresa ser la base de su relación con e padre Valls: el amor espiritual. Intercesión y amor María Ignacia entiende su relación con el Padre Valls como una sustentada por el amor espiritual que le inspiran Dios, Jesucristo y los santos de su devoción. Ha verificado que el Padre Valls sostiene una amorosa reverencia por Santa Gertrudis, la cual ella aprueba y que le sirve de medio para explicar al fraile como ha intercedido a su favor, en honor a una petición que él le ha dirigido. Asi, entablando una conversación con la Santa, María Ignacia le ruega que bendiga a su “padrecito “y perdone sus defectos como asi lo desea él”. “Santa Mia …no le niegues ese consuelo, ni a mi indignísima de que lo bendigas, y juntamente a mí.” 22 María Ignacia actúa bajo el entendimiento de como el amor divino es el elemento que propicia la benevolencia y caridad de dios y los santos. “El amor lo enciende todo,” y es precisamente el amor que le profesa al confesor lo que la mueve a pedir a la santa que retribuya el amor que le profesa el padre. Aunque es, aparentemente una intermediaria, María Ignacia está jugando un papel protagónico al declarar que lo que la mueve a hacer esa petición es el amor que le profesa al padre y la hace desear ese favor. “Y asi Santa mía, querida nuestra, no le niegues este consuelo, ni a mi indignísimo, de que lo bendigas, y juntamente a mí.” Cuando la Santa se digna conceder la petición, hizo tres cruces sobre el padre Valls y lo bendijo, pero también a María Ignacia, añadiendo: “Escríbele hija mía, con especificación, esto que has visto, para que se consuele. Que crea que lo amo mucho, y de hoy en adelante, lo hago mi hijo muy amado, como lo eres tú.” Son precisamente esas últimas palabras las que dan la clave para revelar la autoridad de María Ignacia con respecto a su confesor. Ella es la favorita de la santa y a través de ella, Valls obtuvo la bendición de esa santa para sí y para “sus estudios, trabajo y hasta el preciso descanso del cuerpo, que todo lo reciba su Majestad para su gloria, y lo enderece todo para provecho de V.P.” La visión de la santa dejó a María Ignacia fuera de si --en sus propias palabras--pero su mayor consuelo fue el tener el entendimiento de que tanto Gertrudis como Jesucristo se inclinaban a ellos. Un confesor avezado no dejaría de dudar sobre las visiones de María Ignacia y especialmente cuando lo involucraba a él. Sin embargo, Valls le encargaba a la religiosa que, cuando viera de nuevo a los seres divinos, les hiciera reverencias en su nombre. Sin 21 Expediente. 5, Carta 22, enero 1, 1802, fols. 1 a 5v. Sor María Ignacia también usa la misma expresión en Carta 24, enero 4, fol. 2. En una carta subsiguiente de enero 6, 1802, María Ignacia repite una visión que simboliza los dos corazones amasados juntos y devueltos a sus cuerpos purificados, pero de una esencia conjunta. Exp 5, Carta 25, enero 6, 1802, fol. 1v. 22 Exp. 3, Carta 12, sin fecha.

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