Asunción Lavrin 140 Médico, padre, juez, y amigo: con esas palabras María Ignacia acogía la enseñanza tradicional de la iglesia acerca del papel de los confesores. No cabe duda que la religiosa practicaba lo que escribía, pero en sus cartas al padre Valls hay mucho más que reverencia y ciega obediencia. La compleja relación entre María Ignacia y el padre Valls sugiere que la misma tomó forma dentro de un ambiente de intimidad aceptada y practicada entre confesor y confesada que es pocas veces apreciado o mencionado como el marco necesario para la confesión. Por intimidad entiendo el resultado de una relación en la cual los sujetos se relacionan frecuentemente, obedeciendo a un entendimiento intelectual y espiritual propiciado por su cercanía física, emocional y, en este caso, espiritual. La intimidad se desarrolla entre dos personas a través del compartimiento de encuentros en múltiples ocasiones en la vida diaria, y provoca una experiencia de mutua satisfacción en la compañía del otro. Teniendo en cuenta como María Ignacia entendía el papel del confesor no es sorprendente que su relación con el padre Valls llegara a adquirir un grado de intimidad poco usual. Ella creyó en la afinidad de sus almas dentro de un esquema religioso que le permitía crear una situación especial dentro de la esperada cercanía física del confesionario, y que se fortalecía con la revelación secreta de los estados de ánimo de uno de los participantes y la esperada comprensión del otro. En este caso histórico en particular se puede cuestionar la presunción de que quien guía en una confesión es el confesor. Más bien encontramos una inversión de papeles que resulta en la toma de autoridad por la religiosa basada en sus extraordinarias experiencias visionarias. La autoridad se transparenta en una comunicación epistolar frecuente, con largos pasajes descriptivos de sus idas y vueltas al mundo celestial y su papel de peticionaria del favor divino para ambos Esta fue una relación poco usual, algunas de cuyas modalidades se exploran aquí. María Ignacia como Guía Espiritual de Fray Manuel de Valls Tempranamente en este epistolario, María Ignacia se define como mediadora entre el Señor y el padre Valls. El Padre corresponde cuando le dice a María Ignacia que la lleva en el corazón cuando dice la misa, en la comunión sacramental y en la función sagrada, según palabras de ella citando las del fraile. También le reafirma que gusta que le escriba. Es patente que, en un reverso de sus roles, el padre Valls se confesaba con María Ignacia, haciéndola recipiente de sus dudas interiores y aun sus temores. La autoridad conque habla María Ignacia proviene de su convicción de que está trasmitiendo la voz de Dios, y que lo que comunica al padre, es “por el bien de su alma”. Al ser conductora de la voluntad del Señor se produce una unión espiritual entre ambos, “y así venimos siempre a ser lo que seamos: un corazón y un alma.” 9 Esas palabras en pluma de la religiosa van mas allá de la confesión: explican un sentimiento mas profundo y personal en la cual ella se apropia del padre Valls y define el carácter de su relación. 27 folios dobles, y parece haber perdido un poco más de la mitad del texto original. El texto de la cita, se encuentra en los fols. 26v-27. 9 Exp 2, Carta 11, sin fecha.
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