conduce a Machu Picchu, lo que agrega así cerca de 20 kilómetros al trayecto total. El flujo de turistas ha provocado la construcción de muchos hostales y hoteles nuevos, incluyendo uno lujoso de cinco estrellas. Han proliferado también nuevos restaurantes e, incluso, un club nocturno. Ciertamente, la vida del pueblo ha cambiado mucho y, con ello, también el lugar. La población se ha incrementado y se han construido nuevas viviendas no solo en el borde sur del poblado incaico sino, también, en el poblado mismo. Hace unos años atrás, el gobierno del Perú inició un programa de puesta en valor de los lugares históricos y arqueológicos con el fin de hacerlos más accesibles y agradables a los turistas. A pesar de la buena intención de este programa, algunos de sus efectos han sido dañinos. Para conseguir sus fines, algunas de las antiguas estructuras han sido desmanteladas y reconstruidas desde sus cimientos, y muchas de estas «nuevas» ruinas guardan poco en común con sus apariencias originales. En Machu Picchu pueden verse cada año más edificios «completos» que en el año anterior, presumiblemente porque los turistas prefieren ver estas ruinas restauradas. Machu Picchu, sin embargo, no es un caso aislado, pues todos los centros importantes del Cuzco y sus áreas circundantes o bien han padecido o se encuentran en proceso de recibir tratamientos y distorsiones similares. Ollantaytambo no es la excepción y partes significativas del lugar han sido «reconstruidas» de esta manera. Sin embargo, el proyecto de una nueva carretera constituye un peligro aún mayor para la integridad de Ollantaytambo y sus alrededores. Hace unos años atrás, fuertes lluvias arrasaron un tramo, cercano a Machu Picchu, de las vías del tren que conducen a dicho complejo, hecho que interrumpió la principal conexión entre el Cuzco y Quillabamba en las tierras bajas de Vilcabamba, el área en la cual se refugiaron alguna vez los incas luego de abandonar Ollantaytambo. La única conexión existente hoy en día con esta rica zona agrícola en desarrollo es una sinuosa carretera sin asfaltar que empieza en Ollantaytambo y sube sobre el abra de Málaga antes de descender hacia la selva. Debido a que la compañía ferroviaria decidió no reconstruir las vías destruidas por las aguas, esta carretera ha terminado por absorber el tráfico adicional de lo que una vez era provisto por dos trenes diarios y, por ello, ahora se planea modernizarla y conectarla con la carretera asfaltada que lleva de Ollantaytambo al Cuzco. No existen muchas alternativas para esta vía que no impliquen cruzar el 7
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