relleno y se controlaba, en parte, la distribución del agua» (Donkin 1979: 33). Asimismo, la permeabilidad de los muros de los andenes permitía que el agua en exceso se filtre de andén en andén. Para ayudar a este flujo de agua entre andenes, los incas construían, con frecuencia, canales de desagüe al interior de los muros. El trazado de los andenes es muestra de la preocupación de los incas por la topografía, geomorfología e hidrología. Los andenes de Sima Pukyu, al otro lado de la estación del tren, son un buen ejemplo de ello (Fig. 1.13). Se encuentran construidos en la parte inferior de un profundo barranco, seco la mayor parte del año. Es, sin embargo, una cuenca de recolección, con un nivel substancial de aguas subterráneas que se filtra a la superficie a través del material suelto del derrubio en el fondo de la cuenca. Los incas remodelaron el derrubio mediante andenes y modificaron la corriente con el fin de irrigarlos. Un conducto, bellamente ejecutado, canaliza las aguas superficiales de un andén a otro. Fig. 1.13. Los andenes de Sima Pukyu están emplazados en la zona más alta de un empinado barranco y son regados por una corriente subterránea que se encuentra activa todo el año. Otro ejemplo de andenes son los de Ancopacha, los que se encuentran interrumpidos de la cima a la base por un amplio canal, cuidadosamente construido. Este particular tipo de canales, que atraviesan grupos de andenes, puede ser observado en otros sitios, entre los que se incluyen Pisaq y Machu Picchu. Harold C. Conklin, de la Yale University, interpreta estos canales como drenajes para aguas provenientes de tormentas, que transportan las aguas de potenciales inundaciones a través de los andenes, protegiéndoles de ser erosionados (comunicación personal). 54
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