Fig. 1.12. Los andenes se extienden a lo largo del río Urubamba y ascienden por las laderas de los cerros que bordean el valle. Esta vista se tomó desde Ollantaytambo hacia Pachar. Los andenes de Ancopacha se observan en la parte inferior izquierda. El enorme volumen de rocas y desmonte que habían de ser desplazados para crear, por ejemplo, los andenes en el abanico aluvial del río Patakancha es muestra del poder del Inca para administrar una gran fuerza de trabajadores. Como reporta Valcárcel: «En el folklore de los pueblos de Calca, a más de 30 kilómetros, aparece la tradición de que los tampus obligaron a todos los ayllus que moraban en ambas orillas del Willkamayu a trasladar hasta Kompone millares de toneladas de tierra» (1926: 3). Los andenes son el símbolo del poderío humano sobre la naturaleza, de sus habilidades para reformar y transformar la tierra a su antojo. Los incas eran agricultores aventajados, con una herencia rica en el manejo de las plantas y sofisticadas técnicas de cultivo. Cook advirtió los ingeniosos diseños de los andenes. Los muros de contención estaban rellenos con dos capas distintas: una capa inferior de subsuelo artificial compuesto de piedras gruesas y arcilla, la que era cubierta a su vez con capas de tierra fina importada (1916: 494). Al referirse a los andenes construidos bajo el gobierno de Pachakuti, Sarmiento de Gamboa enfatizaba que la mayor parte de la capa superficial usada para rellenar los andenes había sido acarreada desde lugares lejanos (1943 [1572]: cap. XXX, 92-93). Al rellenar los andenes a mano «[...] se permitía el control de la naturaleza del 53
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