santuarios asociados con el agua fueron construidos inmediatamente al norte de la Plaza de Manyaraki, incluyendo el llamado Templo del Agua y el famoso Baño de la Ñusta, con su fuente exquisitamente tallada. Se desconoce la función de la ruinas de Q’ellu Raqay, las que se encuentran al borde del abanico aluvial del río Patakancha y miran hacia el valle de Urubamba, pero —como se discutirá más adelante en el capítulo 9 — es probable que también tuviesen un propósito ceremonial. Dos wak’a (lugares u objetos sagrados) se encuentran cerca del río. Una de ellas, conocida localmente como Sirenayoq, consiste de una piedra tallada, flanqueada por un muro con nichos, y es bañada por las aguas del Urubamba, cerca y debajo de la estación del tren. La otra, un gigantesco afloramiento rocoso tallado con nichos, salientes y «asientos», domina el Urubamba en el gran recodo del río, cerca de Runku Raqay, aproximadamente 700 metros río abajo de la estación del tren. Ambos santuarios debieron haber sido importantes, pues a cada uno de ellos se accede desde ’Araqhama mediante un camino muy bien construido. El camino a Sirenayoq empieza justo al este de lo que solía ser la hacienda de Compone y discurre a lo largo de un gran muro de terraza que baja en línea recta en dirección del río. El camino hacia Runku Raqay discurre a lo largo de una calzada elevada al oeste de la antigua hacienda y conduce a las vías del tren. Poco después de haber pasado estas, dobla hacia el oeste y desemboca en una estructura bastante derruida. A esta estructura se le denomina como Tavabamba en uno de los croquis realizados por los topógrafos de Bingham 13 y parece haber sido originalmente un portal. Los dos caminos, cada uno de los cuales termina en el santuario respectivo, reafirman la importancia de estos. Otras dos rocas talladas yacen entre el puente y el Fuerte de Choqana. La primera, magistralmente tallada con «asientos», se encuentra al lado de la sección norte del camino inca, al borde de una gran terraza en forma de «D» (Fig. 1.11). La otra se encuentra un poco más alejada, en el lado sur, hacia Choqana. Un complejo de edificios, localizado justo al lado opuesto del camino desde la primera de las wak’a, bien pudo haber estado asociado con las ceremonias que tenían lugar en esta roca. El complejo ha sufrido daños —algunos de ellos tan severos que las plantas de muchos edificios se han perdido— tanto por la caída de rocas como por la construcción de la nueva carretera. La organización de aquellas estructuras, aún distinguible, y el tamaño y número de nichos existentes sugieren un uso diferente al de 50
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