Arquitectura y construcción incas

fin de mantener la propiedad real abastecida de los comestibles y bienes necesarios. Incluso si la hacienda servía solo como residencia temporal para el Inca, se puede asumir que estaba habitada de manera permanente, debido a que debía de ser atendida durante todo el año. Considerando el número de personas necesarios para el buen funcionamiento de una propiedad real12 —sirvientes personales (yanakuna) y la presencia requerida de nobleza y administradores— no es desproporcionado pensar que el asentamiento requería de una escala urbana. El asentamiento tiene, con seguridad, una clara estructura de calles, espacios abiertos, edificios públicos y sectores residenciales de alta densidad. Es muy probable que parte de la población fuera dependiente de la producción agrícola de aquellos cuyo hogar estaba fuera del pueblo. El Ollantaytambo incaico debe de haber tenido un mínimo de actividades específicamente urbanas. Al menos cuando el Inca residía en el lugar, este se convertía en un centro político y administrativo, y es posible que sirviese como un centro administrativo permanente para la región circundante. A juzgar por la arquitectura de la Fortaleza y de ’Inkamisana, Ollantaytambo era también un centro ceremonial y quizá servía como una estación (tampu) para dignatarios, administradores y tropas de paso. Las funciones de Ollantaytambo, cualesquiera que ellas fueran, probablemente cambiaron con la coyuntura. Después de la muerte de Pachakuti, pasó a estar bajo la custodia de su panaqa. Se desconoce como era usada entonces, pero, con seguridad, la explotación de la hacienda continuó de la misma manera, requiriendo de la presencia de administradores y numerosos agricultores. Luego, cuando Manqo ’Inka lo convirtió en su cuartel general, Ollantaytambo se convirtió, en efecto, en la capital inca y debió de haber tenido muchas otras funciones, además de servir como propiedad real. Los incas no fueron grandes constructores de ciudades (Gasparini y Margolies 1980: 68); ni siquiera el Cuzco, la capital del imperio, o los importantes centros regionales de Incahuasi, en el valle de Lunahuaná, o de Huánuco Viejo, en la sierra central, fueron tan grandes como algunas de las ciudades preincas en el Perú (Rowe 1963: 17-20). Sin embargo, los incas fueron juiciosos planificadores: todos los asentamientos fundados por ellos se encuentran cuidadosamente emplazados y muestran regularidades en sus trazados. Planos reticulares rigurosos, como en el caso de Ollantaytambo, son más la excepción que la regla. Las 48

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