Arquitectura y construcción incas

todo individuo. Los incas desconocían el dinero: «El sistema inca de exacción se diferenciaba del español en que lo que se gravaba de los locales era su mano de obra [...]. Los productos podían haber sido elaborados mediante esta donación de mano de obra, pero los recursos que eran transformados en productos pertenecían al estado [...] la administración inca era, por lo tanto, básicamente un sistema de mano de obra reclutada» (Julien 1988: 264). La mano de obra necesaria para un determinado proyecto se determinaba usando el sistema decimal descrito con anterioridad: «Si se necesitaban 1000 hombres del territorio de un HONO, cada jefe de 10 debía de suministrar una persona a su jefe de 50, y éste reportarlo a su jefe de 100, y así hasta el final de la cadena» (Rowe 1946: 267). Aunque es muy posible que los incas se asegurasen de que en cualquiera de las provincias hubiese individuos suficientes para cuidar de los campos, en algunos casos llegaban a reclutar grupos de mano de obra numéricamente formidables. Se dice que para construir la fortaleza de Sacsahuaman se necesitaron 20.000 hombres, 4000 de los cuales trabajaban en las canteras, 6000, en el acarreo; y otros tantos, para abrir trincheras para los cimientos o para trabajar en la tala de árboles (Acosta 1962 [1590]: cap. L, 170). Se dice que el emperador y arquitecto romano Adriano organizó sus fuerzas de trabajo —«constructores, geómetras, arquitectos y todo tipo de expertos en construcción y decoración» — de un modo paramilitar, dividiéndoles en cohortes y centurias (MacDonald 1965: 136). Asimismo, era común para el soldado romano ordinario apostado en la provincia el que se le reclutase como mano de obra (MacDonald 1965: 142). Sin embargo, se desconoce cómo los incas organizaban y administraban estas grandes cuadrillas de trabajadores, aunque no sería de extrañar el que hubiesen recurrido al mismo sistema decimal que usaban para el cálculo de tributos y la estructuración de sus ejércitos. También es igualmente posible que los ejércitos incas acostumbraran a construir, al menos, sus propios cuarteles. No todas las actividades requeridas en la construcción podían ejecutarse con la mano de obra no preparada que la mit’a proveía. Trabajos que requerían conocimientos especiales de metalurgia, tejido, alfarería y cualquier otro que necesitase de entrenamiento o especialización eran realizados por profesionales conocidos como kamayoq. Los kamayoq, quienes poseían un estatus hereditario, estaban exentos de la mit’a, mas 30

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