andenes, algunas veces transformando laderas y valles enteros, y proveyéndoles, además, de riego mediante canales hechos de piedras que se extendían por kilómetros. A fin de administrar las reservas de agua, construyeron, asimismo, numerosos reservorios y, con el fin de proteger o incrementar las tierras cultivables, recurrieron al desvío de ríos de manera extensiva. No hay duda de que tanto el trabajo como los recursos invertidos en las obras de agricultura excedían —o al menos equiparaban — aquellos aplicados a su famosa red de caminos. Ciudades y edificios Además de las obras de infraestructura, los incas construyeron poblados, nuevos centros administrativos, depósitos, templos y palacios. A lo largo y ancho del imperio, los incas impusieron una arquitectura única a sus edificios, una arquitectura estandarizada de una manera tal que hizo al gran naturalista alemán Alexander von Humboldt escribir que: «[...] más lo que me parece digno del mayor interés, es la uniformidad de construcción que se observa en todos los monumentos peruanos. Es imposible observar con atención uno solo de los edificios incas sin reconocer el mismo tipo en todos los otros que cubren los Andes [...] Se diría que un solo arquitecto ha construido este gran número de monumentos» (s.f.: 449). Aunque es innegable que «[...] sólo ocho años separan el principio de la expansión del imperio y la llegada de los españoles, y esto no fue tiempo suficiente para un significativo cambio cronológico del estilo arquitectónico» (Hemming y Ranney 1982: 19), no queda duda de que los incas usaron deliberadamente la impresionante unidad formal de su arquitectura con el fin de reforzar su supremacía sobre las culturas locales. La presencia de esta arquitectura, al mismo tiempo única y foránea, era también un constante y visible recordatorio de la dominación inca en los territorios conquistados. Mano de obra Considerando la muy corta vida de su imperio, uno se pregunta cómo los incas pudieron completar un programa de construcción tan extenso. Obviamente, los incas no solo eran excelentes administradores, sino que además eran planificadores de primer nivel. La mayor parte de la mano de obra utilizada para los trabajos de construcción se proveía a través de la mit’a, un servicio de trabajo anual de un mes o dos al cual estaba obligado 29
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