Arquitectura y construcción incas

en la parte frontal del muro. Para cubrir cualquier imperfección en el engaste, dejaban un pequeño reborde en el contorno de la piedra-cuña que se sobreponía a las juntas de las piedras vecinas de debajo y a los lados (Fig. 11.8). Las piedras-cuña constituyen un serio cuestionamiento a la técnica de engastado propuesta por Lee. Si el raspado y engaste hubiera sido la técnica predominante de ajuste no habría existido la necesidad de colocar piedras-cuña, puesto que incluso las últimas piedras pudieron haber sido raspadas para lograr un encajado perfecto y luego descendidas desde arriba. Sin embargo, muchas piedras-cuña muestran de manera clara que no fueron colocadas desde arriba, sino frontalmente en el vacío que se debía llenar, puesto que son más anchas en su base que en la parte superior. Una vez que se sabe qué buscar, es posible encontrar abundantes piedras-cuña en las construcciones de mampostería fina inca. Se las encuentra en el Cuzco, a intervalos prácticamente predecibles, en la mampostería regular del Qorikancha en la calle Ahuacpinta, en el aparejo poligonal del muro donde se encuentra la famosa Piedra de los Doce Ángulos en la calle Hatunrumiyoq y en los muros ciclópeos de Saqsahuaman. En Ollantaytambo, el uso más espectacular de este tipo de piedras está en el Templo del Sol, en el que finas piedras fileteadas separan los seis monolitos entre sí. En una inspección más cercana, se puede observar que estas piedras tienen forma de cuña y que tienen bordes apenas perceptibles. A juzgar por las piedras 236

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