Arquitectura y construcción incas

de 0,15 milímetros, proveniente del río Urubamba. Después de otros 15 minutos, se pudo eliminar incluso los hoyos más profundos, pero la superficie se tornó mate. En efecto, la arena, aunque fina, era demasiado gruesa y abrasiva como para producir el pulido brillante observado en los bloques de la Fortaleza. Una y otra vez se ha señalado que, a fin de lograr el engastado perfecto de las piedras, los albañiles incas restregaban una piedra contra la otra (v.g., Raimondi 1942: 126; Bouchard 1983: 32). Para restregar una piedra contra la otra debe ser posible mover una piedra en al menos una dirección de un lado para otro. Cuando se observan los muros incas en la Fortaleza de Ollantaytambo queda claro para el observador que la única dirección en la cual las piedras pudieron moverse fue hacia dentro y fuera del muro. De haber sido restregada en el lugar con un movimiento hacia adelante y hacia atrás, la piedra debió encajar perfectamente en cualquier posición a lo largo del paso del movimiento, pero las improntas encontradas en aquellos muros desmantelados muestran que cada piedra tuvo una posición única de la cual esta ya no podría ser desplazada de nuevo horizontalmente en ninguna dirección. Entonces, es posible asumir que el pulido de las caras de las piedras no se producía mediante el restregado de una piedra contra la otra, sino que se aplicaba antes de poner las piedras en su posición definitiva. Esto crea la incógnita acerca de cómo los canteros incas hacían para encajar dos superficies, esto es, cómo copiaban un negativo en la piedra de al lado. Outwater propuso un sistema de moldes positivos y negativos hechos de morteros arcillosos colocados en armaduras de madera (1959: 32). Sin embargo, los morteros arcillosos, al igual que la madera, cuando se secan se someten a un encogimiento sustancial, una deformación mucho mayor que las mínimas tolerancias con las cuales estas piedras eran unidas. De manera similar, Heizer propuso que «[...] se empleaba algún tipo de plantilla de madera de tal manera que la piedra aún no colocada en su posición pudiese ser tallada en la forma correcta para que encajase cuando ocupara su lugar definitivo» (1966: 130). Basado en experimentos conducidos por el autor, este propuso que el ajuste entre dos o más piedras fue derivado de un proceso de «ensayo y error» (Protzen 1985b: 192-193). Se debe admitir que dicha técnica parece ser tediosa y laboriosa, especialmente cuando se piensa en los bloques ciclópeos de Ollantaytambo. Sin embargo, es importante recordar que para los incas el tiempo y el trabajo no eran una gran preocupación y los experimentos realizados demuestran que con la práctica es posible desarrollar una aguda 234

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