Arquitectura y construcción incas

de las piedras de riolita rosada de grano grueso que se encuentran in situ o en el suelo presentan los bordes o secciones de caras pulidas. Obviamente, los albañiles incas no estaban satisfechos con la precisión en el ensamblado obtenida mediante la técnica del golpeado, sino que buscaban eliminar incluso la más mínima traza de irregularidad a fin de obtener uniones tan precisas que fuese imposible distinguir la línea que separa una piedra de la otra. Finas bandas pulidas, de entre 3 a 4 milímetros de ancho, a lo largo de los bordes de la piedra o a cada lado de la junta son indicadores de que los albañiles tomaron cuidados especiales para el acabado de las uniones entre los bloques de construcción. Las superficies pulidas preparadas para el engastado entre las piedras deben distinguirse de aquellas superficies pulidas como resultado del arrastre. Las primeras son planas y no direccionales, mientras que las segundas son irregulares y atravesadas por pronunciadas estrías paralelas. ¿Cómo fueron producidas estas superficies lustrosas, uniformemente pulidas? En un intento por replicar el pulido usando un martillo de piedra de cuarcita, el autor cortó un borde de cerca de 25 centímetros de longitud por 6 centímetros de ancho en un bloque de riolita rosada de grano grueso. Usando una pieza plana de andesita y una mezcla de agua y tierra utilizada por lo general para la fabricación de adobes, el autor empezó a pulir los bordes con movimientos tanto lineales como circulares. Luego de solo 15 minutos de trabajo se obtuvo una superficie bastante pulida sin prácticamente ninguna evidencia de los pequeños hoyos producidos por el martillado (Fig. 11.6). Con el propósito de experimentar, se cambió a una mezcla de arena muy fina, con granos de menos Fig. 11.6. Luego de 15 minutos de trabajo en el borde de una piedra, se aprecia una superficie bastante pulida sin, prácticamente, ninguna evidencia de las marcas provocadas por el martillado. 233

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