los gigantes de piedra en la Isla de Pascua para apreciar los impresionantes logros en las labores de transporte de estos antiguos ingenieros. Un fresco pintado en una tumba en El Bersheh, en Egipto, y una tableta de piedra caliza de Nínive muestran el acarreo de pesadas estatuas por cuadrillas de trabajadores que jalan largos cordeles atados a trineos colocados bajo las esculturas (Heizer 1966: 826-827). No es claro si estas representaciones del transporte antiguo mostraban el número real de trabajadores o si solo eran para mostrar que «[...] era necesaria una impresionante multitud de hombres para jalar las sogas» (Heizer 1966: 826). Engelbach estimaba que debió de haber sido necesaria una fuerza de cerca de 6000 hombres para mover el obelisco inconcluso de Aswan (1923: 56). Para reducir la mano de obra necesaria para el acarreo se tuvo que inventar una manera de reducir la fricción o de incrementar la efectividad de la fuerza empleada. Si se descuenta la rueda, la que fue desconocida para los incas, existen muchas otras posibilidades para reducir la fricción, incluyendo el uso de rodillos, troncos dispuestos en paralelo y lubricantes. El uso de rodillos es mencionado con frecuencia en la literatura, pero la evidencia para apoyar esta hipótesis es escasa y no es concluyente.53 Los troncos pueden usarse de dos maneras: fijándolos al objeto a transportar o tendiéndolos en el camino a modo de rieles. Outwater sostiene que el segundo de estos métodos era usado de manera conjunta con rodillos en Ollantaytambo (1959: 32). Desafortunadamente, la evidencia para apoyar el uso de los troncos de esta manera es solo incidental y de ningún modo concluyente, como tampoco para el uso de los rodillos. En un experimento, realizado en 1986, se le pidió a un grupo de seis obreros de Ollantaytambo que moviesen un bloque de 1,5 toneladas sin darles mayores instrucciones acerca de cómo hacerlo.54 Estos resolvieron el problema mediante la colocación de dos largos troncos dispuestos en paralelo sobre los cuales jalaron la roca con la ayuda de cordeles, al mismo tiempo que la empujaban con palancas por el lado posterior. El uso de lubricantes se ilustra en una pintura de El Bersheh, en la cual un hombre, ubicado en la proa de un trineo, derrama un líquido en el sendero por el que va a pasar el vehículo. La evidencia para el uso de lubricantes en Ollantaytambo, que pudo ser arcilla líquida, es simplemente circunstancial. Un experimento de trabajo de pulido de piedra, que será descrito en detalle en el capítulo 11, revela que para producir una superficie bastante pulida es necesario un abrasivo extraordinariamente fino. Por lo tanto, es improbable que el pulido observado en las piedras 215
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