Arquitectura y construcción incas

pesan cientos de toneladas métricas. Es posible, entonces, que esta rampa fuese abandonada porque era impráctica o bien, simplemente, porque el resbaladero era una ruta mucho más rápida. Fig. 9.1. Bloques abandonados, como el de la foto, muestran la forma en que estas piedras fueron transportadas desde las canteras al área de construcción en el templo de la Fortaleza de Ollantaytambo. Nótese que el bloque muestra marcas de haber sido trabajado. El último de los resbaladeros apunta exactamente a un gran bloque abandonado en el lado opuesto del río, un poco más allá de las vías del tren, hecho que sugiere que el río era vadeado en una ruta marcada por la prolongación directa del resbaladero. Harth-Terré aduce que los bloques se transportaban a través del río cerca a una isla, localizada a 600 metros más abajo del punto donde desemboca el resbaladero (1965: 162). Considerando la tremenda fuerza del torrente del río Urubamba, aumentado en su cauce durante el verano por fuertes lluvias, se puede cuestionar si esa isla existía 500 años atrás. Como advirtió Harth-Terré, los incas no habían canalizado el río en este punto en particular, y lo dejaron seguir su propio curso. El autor piensa que la localización del vado debió cambiar en el tiempo, quizá debido al flujo del río y a las condiciones de su lecho y riberas luego de las lluvias de verano. Dada la presencia de los cuatro bloques en la margen izquierda y los 20 o más en la margen derecha, los que están relativamente esparcidos, el autor considera que no se tuvo una ruta preestablecida. Por otro lado, no se han podido detectar rastros de ninguna vía que conecte la ribera del río con el pie de la rampa que conduce a la Fortaleza. En la ribera izquierda puede distinguirse la existencia de un terraplén insinuado por una diferencia de alturas en la zona de los cultivos, pero dado que no se encuentra alineado con el 210

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