Varios de los miembros del la oficina regional del Instituto Nacional de Cultura del Cuzco han sido de bastante ayuda en la agilización de los trámites correspondientes a mis proyectos de diversas maneras. A través de los años, los diversos directores —Roberto Samanéz Argumedo, Gustavo Manrique Villalobos, Alfredo Valencia Zegarra y Óscar Núñez del Prado— me dispensaron amablemente los permisos necesarios para visitar y trabajar en los sitios arqueológicos bajo su jurisdicción. Rubén Orellana y Fernando Astete me permitieron, en diversas ocasiones, consultar importantes mapas y compartieron abiertamente conmigo sus conocimientos del lugar; Arminda Gibaja, Ítalo Oberti, Perci Paz y Fidel Ramos me permitieron discutir con ellos diversos aspectos de mi proyecto, además de ser de gran ayuda y haberme brindado gran cantidad de información. Mi agradecimiento a los pobladores de Ollantaytambo, quienes permitieron que tanto yo como mi personal camináramos por sus propiedades y campos, y quienes abrieron, incluso, sus hogares a nuestra investigación. Tres grupos de voluntarios de Earthwatch contribuyeron con su tiempo y esfuerzos en el manejo de las cintas métricas, corriendo de un lado a otro con jalones, contando piedras en las paredes o dibujando planos. Además, Sarah Brooks, Frances Hayashida, Gary Strang y Cliff Niederer me asistieron en uno u otro momento en el campo. Mi agradecimiento a todos ellos. Jean MacMann me ayudó en gran medida en las primeras etapas de la producción de este manuscrito; Justine Staneko me brindó asesoría en la edición, y Sylvia Russel revisó y editó la versión final. Les agradezco a ellos por su valiosa colaboración. Finalmente, ni mi proyecto ni esta monografía podrían haberse materializado sin el amor, estímulo y apoyo de mi esposa Elsbeth y de nuestros dos hijos, Stephan y Maurice. Es a ellos a quienes dedico este libro. 18
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx