—una masa inerte— al mortero, se conseguiría un término medio entre los dos requisitos necesarios: se mitiga el efecto del agua adicional mediante la reducción de la contracción, pero no se interfiere con la flexibilidad. Los morteros incas registrados por el autor indican que los albañiles incas usaron arena, grava o paja (ichu) como temperantes. Es posible, como Moorehead sugiere, que la arena y grava halladas en los morteros incas no fueron realmente agregadas sino que estaban contenidas en el material original (1978: 66). Adobe y tapia Dado que las investigaciones que el autor llevó a cabo no incluyeron excavaciones o el análisis estructural de los muros, nunca se manipuló un adobe ni se ha visto un corte de un muro de tapia. El conocimiento del autor sobre los adobes usados por los incas en cuanto a su tamaño, forma, composición y manufactura, y sobre la composición y construcción de muros de tapia se limita a lo que se pudo observar en los muros que aún están en pie. Este tipo de estudio es complicado, ya que cuando los muros se encuentran protegidos y conservados están cubiertos por un grueso enlucido y cuando no están bien conservados las cabeceras de los muros de adobe y tapia están erosionadas como resultado de la acción de las lluvias, el viento y el Sol. De este modo, el material disuelto como producto de la erosión dificulta la observación de su estructura interior. El material usado para la confección de adobes y muros de tapia fue un mortero arcilloso, al que, con frecuencia, se le añadían grandes cantidades de ichu. Una parte del total de ichu se debió añadir durante el proceso de preparación del mortero, mientras que el resto pudo ser añadido durante la confección de los adobes o tapiales. Varios adobes ubicados sobre lo que fue el dintel de la entrada occidental del Depósito P4, en el cerro Pinkuylluna se encuentran totalmente expuestos. Largas fibras de ichu, que yacen en forma paralela al eje longitudinal de los adobes, son visibles en sus lados. Las fibras se encuentran dobladas alrededor de las esquinas en los lados más cortos de los adobes (Fig. 7.1). Si el ichu hubiese sido mezclado con el mortero durante su preparación, las fibras no se encontrarían de esta manera, sino que estarían seccionadas en filamentos más cortos y no tendrían una orientación distinta. Los adobes son bastante planos y miden entre 5 a 6 centímetros de espesor 188
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