Fig. 5.25. Zonas de presión negativa se forman en las áreas planas entre los techos de las estructuras. El humo producido por una antorcha puesta entre los edificios es succionado, pero luego es inmediatamente expulsado de la estructura hacia los techos vecinos, con lo que se consigue que el humo no penetre en los edificios contiguos. Cuando la antorcha se colocaba al interior del primero de los edificios, el humo escapaba una vez más por la parte posterior y a través del espacio plano sin entrar en el edificio intermedio (Fig. 5.26). Solo una pequeña cantidad de humo se acumulaba en el primer edificio, síntoma inequívoco de una buena ventilación. Cuando la antorcha se colocaba en los edificios intermedio o superior, se podía notar una clara acumulación de humo, signo de ventilación pobre (Fig. 5.27). Eventualmente, el humo escapaba a través de las ventanas frontales y posteriores sin entrar en las estructuras aledañas. Por último, el humo era desplazado por el aire fresco que entraba a través de las puertas laterales y las ventanas de los hastiales. Es posible asumir que las provisiones almacenadas ocupaban una parte considerable del volumen interior del edificio y que dicho almacenamiento obstruía, en última instancia, una ventilación apropiada. A fin de estudiar este aspecto, el autor y sus colegas evaluaron nuevamente los edificios mediante la colocación de una carga simulada de bloques de madera en las áreas posteriores de los edificios. De manera sorprendente, cuando la antorcha se insertaba en uno de los edificios que contenía la carga simulada, era posible observar aún mucho menos cantidad de humo en los tres edificios, lo cual demostró que la ventilación mejoraba cuando se almacenaban objetos en ellas (Fig. 5.28). Fig. 5.26. Cuando la antorcha se coloca en el interior del primero de los edificios, el humo escapa por la parte posterior a través del área plana que se encuentra entre este y el edificio del medio; de esta forma, no penetra en esta última estructura. 161
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