Fig. 5.27. Cuando la antorcha se coloca al interior del edificio del medio, se nota un significativo incremento en el humo acumulado, un síntoma de ventilación deficiente. Fig. 5.28. Sorpresivamente, cuando la antorcha se coloca en un edificio lleno, se forma mucho menos humo, lo que implica que la ventilación mejora cuando existen productos almacenados. Las medidas en la velocidad del aire al interior de los edificios confirmaron el análisis visual. Los flujos de aire al interior de los edificios son, de hecho, bastante lentos. Las velocidades al interior del edificio ubicado hacia la parte más alta de la ladera varían entre 0,41 y 6,58% de la velocidad relativa, mientras que al interior del edificio ubicado en la parte más baja las velocidades varían entre 0,6 y 12,44%. De este modo, si bien el patrón de grandes ventanas permite menos cantidad de flujo de aire de lo que se pensaba, las suaves corrientes de aire entre los edificios — particularmente cuando estos contienen productos— son suficientes para mantener el espacio bien ventilado. El hecho de que los edificios desvíen los vientos de manera tan efectiva también implica que los efectos de las 162
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